S.O.S. medio ambiente: entre bio- y antropocentrismo. Ideas para entender el problema (y opinar con razones)


         Lo que está en juego tal y como ha señalado Feyerabend es el hombre: la cuestión de la supervivencia de la humanidad es “el problema más difícil y urgente que existe” (Adiós a la razón, Tecnos, 1984,p.17). Hablar de ecología no supone hablar de medio ambiente sano o de derechos de los animales de manera unilateral, sino de las relaciones del hombre con el medio del que forma parte, y en el que los principales elementos de ese medio son los mismos hombres. Desde aquí se debe reflexionar éticamente, este es el verdadero lugar ético. “Para resolver la crisis del medio ambiente hay que dejar resueltos el problema de la pobreza, el de la injusticia racial y el de la guerra […] a la paz de la naturaleza debe antecederle una paz de los humanos“, dice Barry Commoner.

En la génesis del movimiento ecologista como tal dos libros han sido esenciales:   El círculo que se cierra, de B.Commoner (1971), y el de E.F.Schumacher Lo pequeño es hermoso (1973). Más importante es el primero pues sienta las bases de lo que fue y es hoy día el centro del debate ecológico serio, en pugna con la bióloga Ehrlich, en los años 1971-72, y provocado a la hora de calibrar la importancia del control demográfico y su relación con la contaminación. El que está detrás a nivel teórico es evidentemente Malthus, detrás de Ehrlich. Ésta afirma que  las causas de la crisis ecológica se reducen a la superpoblación, y no tiene nada que ver con la tecnología contaminadora. El problema es biológico, y no social, que es lo que defiende Commoner. Para nosotros éste es el punto del problema: antes que biológico es social, por eso tampoco puede ser bio-céntrico ni antropocéntrico, sino, diríamos socio-céntrico. Ehrlich mantiene, y con acierto, que se ha producido un aumento de la población mundial debido a que ha aumentado la tasa de natalidad y ha disminuido la de mortandad, por tres avances: la agricultura, la industria y la medicina. Y entonces es preciso aplicar incentivos morales-individuales y financieros para evitar que la población siga creciendo. Obviamente, Ehrlich se está  refiriendo a nuestro parecer a la aplicación de métodos anticonceptivos a gran escala y con finalidades puramente económicas y políticas, egoístas. Ehrlich no admite que la opulencia y la tendencia contaminadora tengan algo que ver con el desastre ecológico, y esto es lo que privilegia Commoner, a nuestro juicio acertadamente. La solución de Commoner no es entonces vender preservativos a bajo precio (o lo que es totalmente inmoral, realizar ligaduras de trompas a toda una sociedad en la inconsciencia de las mujeres: tal es el caso de Brasil: a toda mujer que era operada por cualquier causa se la dejaba estéril) sino transformar la actual tecnología contaminadora para respetar las exigencias de nuestro ecosistema. Si Ehrlich se esconde bajo un voluntarismo moralista que al final solo es control político a gran escala, Commoner propone medidas a nivel social, a nivel político con el control de los ciudadanos. El movimiento ecologista no debe convertirse sino en un factor más de la lucha que persigue el beneficio no solo de la naturaleza sino también de los seres humanos, debe aspirar a una sociedad más igualitaria. Lo que Commoner está debatiendo es un cambio radical en la cultura económica de las sociedades capitalistas, y no precisamente el hallazgo de una vía ecológicamente sana para lograr el modelo de bienestar dominante [1].

         El punto de ataque a nivel ético es por lo tanto la crítica de una determinada forma de vida, impuesta por la dinámica de un determinado sistema económico, que para mantenerse tiene que incentivar el consumo de la sociedad viéndose obligado a superexplotar el medio para satisfacer esas necesidades artificiales. La reflexión ética se torna entonces como una crítica del capitalismo, de la modernidad, y de su idea de progreso puramente científico que ha olvidado el moral. Pero esta crítica no se efectúa desde una postura romántica, que remite a posiciones nazis[9]. Para Luc Ferry, el debate filosófico en ecología actual reviste tres vertientes:

1- a partir de la naturaleza se trata de proteger al hombre. El entorno no tiene valor intrínseco, no es sujeto de derechos.

2- se toma en serio el principio utilitarista: hay que tender a disminuir al máximo la totalidad de sufrimiento del mundo, aumentando la felicidad=bienestar.

3- La naturaleza en general es sujeto de derechos.

         Esta última tendencia se identifica con el movimiento de la ecología profunda representado por Aldo Leopold en EEUU, Michel Serres en Francia y Hans Jonas en Alemania. En este plano de discusión, la ecología profunda es radical y se opone, en cuanto crítica de la modernidad, a la ecología puramente reformista , a la ecología ingenua. Pero es radical en cuanto que postula que el hombre no es el único sujeto de derechos, y se refugia en el Romanticismo que es un movimiento que combate mediante el sentimentalismo la razón de la Modernidad. Si así es, tambien la deep ecology es ingenua, porque la razón no se combate con el sentimiento sino con otras razones, y su postura es tremendamente conservadora. Los ecologistas profundos se sitúan así en lo que se llama biocentrismo: es obvio que su crítica a la modernidad incluye una crítica al hombre, al antropocentrismo. Y es  el utilitarismo quien dota  de una forma doctrinal consistente la idea de que el hombre no es el único sujeto de derechos. El proceso histórico tuvo unas tres fases: con Descartes los animales adquirieron el estatus de máquinas; luego, la tradición republicana y humanista (Rousseau y Kant) postuló que el hombre es el único sujeto de derechos, que el fin de su actividad moral y política no es la felicidad antes que la libertad, sino al revés, y que el hombre está vinculado a través de determinados deberes hacia los animales: en particular el de no infligirles sufrimientos inútiles; por último, el utilitarismo dotó de derechos a todo aquello susceptible de placer y dolor. Los profundos beben también del utilitarismo. Por tanto de las tres posturas antes citadas, sólo habría dos realmente.

El debate de fondo: antropocentrismo vs. biocentrismo.

         Aclaremos ideas: el debate de fondo se pretende que sea entre antropocentrismo y biocentrismo, pero ambos radicales. Los ecologistas ingenuos son los que se centran en los problemas puramente técnicos: prácticas agrícolas perjudiciales, contaminación. Sin embargo, la ecología profunda apunta a una “metafísica, epistemología, a una nueva ética medioambiental de la relación persona-planeta”. Esta es la inspiración de movimientos como Greenpeace o Earth First y los Verdes. Para los biocéntricos, que son los ecologistas profundos, se trata de deconstruir toda la tradición del humanismo heredada de las doctrinas del contrato social y de los derechos del hombre. Es totalmente anti-antropocéntrica, cuasi nazi, fundamentalista. Arne Naess y George Sessions, ambos teóricos de la ecología profunda, resumen su movimiento en 8 tesis[10], que se reducen a: toda vida tiene valor en sí, y por eso hemos de evitar reducir la diversidad de la naturaleza, aunque para ello tengamos que reducir drásticamente la población humana. Es curioso que el punto 6º haga referencia a un cambio de nuestras orientaciones políticas de forma radical en el plano de las estructuras económicas, tecnológicas e ideológicas. Y entonces se deja ver que no han entendido el problema. Pues Serres habla de cambiar el contrato social de la modernidad por un contrato natural y Jonas habla de un Principio Responsabilidad. Jonas establece un vínculo filosófico estricto entre la necesidad de una crítica del humanismo y la de un reconocimiento de los derechos de la naturaleza. Jonas se pregunta si el estado de la naturaleza extrahumana, de la biosfera en su totalidad, no se ha convertido en un bien confiado al hombre (por su poder sobre él), y que tiene algo así como una pretensión moral respecto a nosotros. Se deja ver que Jonas ha sido discípulo de Husserl, Heidegger y Bultmann[11]. Pero entonces, cómo es posible que se llegue a pedir una reducción de la humanidad? A la base del fundamentalismo están Spinoza (Deus sive Natura) y Nietzsche. Sobre todo éste. Para Arne Naess la población humana ideal es de 100 millones. Obviamente él estaría entre esos 100 millones.

         Los profundos ponen al hombre al mismo nivel que la naturaleza, en cuanto que es vida (Nietzsche), pero le exigen una ética de la responsabilidad, le presuponen una moral, libertad: desde ese mismo momento lo sitúan por encima. Sólo el hombre puede asumir responsabilidad con respecto a la naturaleza: ella no tiene exigencias con respecto a nosotros. No hay posibilidad de un contrato natural. No es suficiente con postular que el hombre es el culmen de la evolución, natural. Pues esto no es así, si partimos desde un punto de vista puramente cuantitativo: el hombre es el animal menos evolucionado en cuanto animal: se ha separado de su medio, precisa de la cultura para sobrevivir. Si nos mantenemos en el nivel puramente material no hay posibilidad para la libertad, y menos aún para la responsabilidad. Jonas aún recurre al miedo: no sabemos lo que podemos hacer con nuestra inteligencia si la unimos a una afán destructivo. Debemos ser responsables, y aún más si tenemos en cuenta la generaciones futuras[12]. Bien. Pero a Jonas se le ha olvidado qué hacemos con las generaciones actuales que ya están sufriendo los problemas de la crisis ecológica. Y pasa que el respeto por las generaciones futuras es egoísta: es respeto por nuestras generaciones futuras, por nuestros hijos, nietos, no por los hijos del vecino. Este miedo es sin duda el fundamento del libro de Jonas, que escribió contra el Principio Esperanza  de E. Bloch. Ricoeur me da la razón: la fundación de la ética en la biología, como pretende Jonas, es insuficiente: el hecho que la naturaleza diga sí a la vida no fundamenta la necesidad ética de una acción en favor de su conservación.

         La postura biocéntrica se resume en dos principios: consideración moral de acuerdo con la cual todas las cosas vivas merecen el interés[13] y la consideración de todos los agentes morales simplemente en virtud de ser miembros de la comunidad de vida de la tierra, y el principio de valor intrínseco. Adoptar tales principios es así adoptar la actitud de respeto a la naturaleza. Y se rechaza por principio que el hombre sea superior a otras especies. En qué sentido puede entonces el hombre tener respeto por la naturaleza? Nosotros rechazamos el biocentrismo: a veces el amor a la naturaleza encubre el odio a los hombres[14].

         La otra postura que hemos de examinar es el antropocentrismo. Para John Passmore, uno de sus representantes actuales, el interés humano por la supervivencia sería la mejor base en favor de un equilibrio biológico deseable, tanto para los seres humanos como para la comunidad biológica total. Pero sólo los humanos son miembros plenos de una comunidad moral. Recuperamos a Kant. Una ética ecológica debería asumir el decidir el destino del hombre en solidaridad con el mundo del que forma parte. Esta postura es ciertamente más honesta que la anterior. El debate bio/antropocentrismo está viciado evidentemente. Los profundos olvidan que toda valoración, incluida la de la naturaleza, es un hecho propio de los hombres, y que por consiguiente, toda ética normativa es en cierto modo humanista y antropocéntrica. El problema es si los profundos critican el modelo de ánthropos de la modernidad: entonces tienen razón al ser anti-antropocéntricos. Pero es ése el único modelo, o es ése el verdadero hombre? Decía Hegel que la idea es el concepto y su realización. Quizás el hombre moderno es  un excesivamente imperfecto, pero no por eso hemos de volvernos vitalistas. Y por eso mismo es erróneo el antropocentrismo si no va a las causas profundas de la crisis ecológica: y una de ellas es el modelo de hombre unidimensional que ha promovido el sistema capitalista. Es preciso criticar esta realización del ánthropos, desde una idea de ánthropos. Tiene razón Luc Ferry cuando opina que el movimiento ecologista o mata al hombre o lo mantiene capitalista: se ha perdido el sentido de la existencia con la caída del comunismo, se ha perdido la utopía.

Texto completo aquí

[1] Cf. Feenberg, A.,   Más allá de la supervivencia. El debate ecológico , Tecnos, 1982.

[2]  La calidad humana (Informe al Club de Roma) , Peccei, A., Taurus, 1977.

[3] Esta tesis ha sido mantenida por J. Claude Chesnais en  Hundirá  la demografía al capitalismo?, MCC, nº 136.

[4]  “El origen de la mayor parte de los actuales problemas ecológicos se halla en el incremento de la población y de su consumo de energía”, p.167, J. Peñuelas, De la biosfera a la antroposfera. Una intrododucción a la Ecología, Barcanova, 1988. Peñuelas señala que el consumo de energía crece de esta manera: en los países avanzados 0.75 partes de la tasa de crecimiento se deben al incremento de energía utilizada por persona, y .25 al incremento de población. En los países subdesarrollados es aproximadamente el contrario

[5] Javier Gafo (De.), Ética y Ecología , Publicaciones de la Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, 1991, p.59. Apunta que el despilfarro de las clases acomodadas es más grave que la prolificidad de los pobres. Un argumento ad hoc se impone: si el .25 % de la población mundial consume algo así como 42 veces más que el .75 % restante, eso significa que si todos consumiéramos igual que lo que consume ese resto podrían “convivir”  .25*42 +.75. Obviamente, todos nos moriríamos de hambre, pero no es posible encontrar un punto medio sabio en el que todos podamos tener un nivel de vida digno?

[6] Nicolás Sosa, Ética ecológica, Libertarias, 1990, p.45

[7] Cf. Gilles Lipovetsky, El crepúsculo del deber. La ética indolora de los nuevos tiempos democráticos , Anagrama, 1994. Sobre todo “La Renovación ética”, pp.208-244.

[8] N.Sosa, p.81

[9] Este tema lo ha tratado Luc Ferry. Las primera manifestación política en defensa de los animales se produjo con Hitler. Unas declaraciones suyas (“En el nuevo Reich no debe haber cabida para la crueldad con los animales”) inspiraron la ley del 24 de noviembre de 1933 sobre protección de animales. Luego Giese y Kahler, consejeros técnicos del Ministerio del Interior, publican en 1939 “El derecho alemán de la protección de los animales”. En 1935 se aprobó también una ley sobre la protección de la Naturaleza. Son las primeras leyes del mundo que tratan de compaginar un proyecto ecológico de envergadura con el afán de una intervención política real, y están a la base de la interpretación neoconservadora del movimiento de la deep ecology. Este movimiento, como la legislación nazi, suponen una relación con la naturaleza de corte sentimental-romántico. Se busca la autenticidad original, la diferencia: lo natural no es lo esencial, como piensan los clásicos, es lo que todavía no ha sido desnaturalizado, el estado salvaje. Estos temas los recupera Walther Schoenicken, uno de los principales teóricos nazis de la protección del medio ambiente, que publica en 1942 “Protección de la naturaleza como tarea cultural popular e internacional”. A veces ocurre que el amor a la naturaleza encubre el odio a los hombres. (Cf.  El Nuevo Orden Ecológico, Tusquets, 1994).

[10] A.Naess,  The deep ecological movement: some philosophical aspects.

[11] M. Boladeras,   Libertad y tolerancia. Éticas para sociedades abiertas , U.Barcelona, 1993, p.160

[12] Jonas también bebe de Max Weber. Deben tenerse en cuenta en los juicios morales a las generaciones futuras, siguiendo un principio formulable de tres formas: actúa de tal forma que los efectos de tu actuación sean compatibles con la permanencia de genuina vida humana sobre el planeta; actúa de tal modo que los efectos de tu actuación no sean destructivos de la posibilidad futura de la vida humana; no comprometas las condiciones para una continuación indefinida de la humanidad sobre la tierra.  Para el hombre el “en sí” ontológico engendra un imperativo categórico. Esta es la propuesta de Jonas.

[13] Tom Regan defiende un argumento de bondad: el valor reside en el objeto mismo, como consecuencia de poseer determinadas propiedades, pero esto es independiente de toda consciencia. Y digo yo: si una lumbricus terrestris tiene derecho a la vida por tener valor en sí, el niño de Kenya que se muere sin saber lo que es la ecología ni el biocentrismo, pero que es una persona, y además el culmen de la evolución para Jonas, no tiene también derecho a vivir?

[14] Existe una versión izquierdista del movimiento de la deep ecology a cargo de Félix Guattari, que defiende una cultura del “dissensus” cuya labor sería la profundización de las posiciones particulares y una resingularización de los individuos y de los grupos humanos. Demasiado vago, posmoderno. Es curioso que unido a este movimiento ecológico haya surgido la revalorización de la mujer: el ecofeminismo. Éste término aparece por primera vez en los escritos de Françoise d’Eaubonne en 1974. Existiría un vínculo directo entre la opresión de las mujeres y la de la naturaleza. Las ecofeministas proponen así que la crítica al antropocentrismo deje paso a la crítica al androcentrismo. La razón destructiva del hombre es fruto de su incapacidad para dar a luz vida. Por eso sólo la mujer puede salvar a la humanidad. Cuando no se quiere solucionar de verdad un tema es fácil complicarlo.

Autor: denobisipsis

Profesor de Filosofía en el IES Gabriel y Galán de Plasencia. Interesado en las nuevas tecnologías.

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