El nuevo nihilismo del Big Data según Byung-Chul Han


Según Byung-Chul Han vivimos en una nueva configuración social que ya no se ajusta a los análisis de Foucault en términos de biopolítica y de la imagen del panóptico. A través de sus libros [destaquemos: La sociedad del cansancio (2010), La Agonía del Eros (2012), La Sociedad de la Transparencia (2012), En el enjambre (2013) y Psicopolítica (2014)], este autor mediático ha intentado lanzar una nueva interpretación de la sociedad actual que supere las limitaciones de autores ajenos al fenómeno hipermediático como Foucault, Agamben y el propio Heidegger, y con apoyo en otros como Baudrillard, Barthes, Hegel, etc..

Hoy  «Vivimos el final del espacio perspectivista y del panóptico» (Baudrillard, Agonía de lo real) a partir de la emergencia de un encadenamiento digital que transforma esa metáfora del ojo que todo lo ve por un nuevo concepto no perspectivista de Bannoptikum: dispositivo que identifica a las personas alejadas u hostiles al sistema como no deseadas y las excluye como si fueran basura. Pues es una sociedad del rendimiento formada por sujetos que son emprendedores de sí mismos. El rendimiento se nutre del dopaje cerebral y así el ser humano en su conjunto se convierte en una «máquina» cuyo objetivo consiste en el funcionamiento sin alteraciones y en la maximización de la utilidad. Pero eso produce “cansancio” fruto de una sobreabundancia de información (hiperconectividad) que lleva a un “infarto del alma”.

Este es el infarto del ser, que se materializa en la imagen de un nuevo Prometeo como (no) sujeto del rendimiento y tripulante del barco del Holandés errante, un (no) sujeto no muerto síntoma de la actual sociedad del cansancio: «sin fin, sin parada, sin descanso, vuela como una flecha», sujeto agotado y depresivo cuya libertad se muestra como condena a tener que explotarse eternamente a sí mismo. Condenado a viajar eternamente al infierno de lo igual el (no) sujeto, que no habita ningún lugar, añora un apocalipsis que lo redima de este infierno, en una reinterpretación del eterno retorno nietzscheano. No habita ningún lugar porque no se de-mora mirando cara a cara lo negativo de la alteridad. Y este es el último hombre que tan solo trabaja, el hombre depresivo que en cuanto animal laborans se explota a sí mismo sin coacción externa. No es el nómada (de la red) o labrador, que se dedica a la cría de ganado. Es el cazador de la información (Bauman, Educación líquida), impaciente y ajeno a la timidez, al acecho en lugar de «en espera», sin dejar que las cosas maduren: se trata de apresar con cada clic, y de ahí que el presente total es su temporalidad. Este es el funamento de la sociedad de la transparencia (no) habitada por (no) sujetos (no) muertos que en cuanto cazadores y recolectores de información buscan redimirse del eterno retorno de lo igual.

Pues el sistema de la transparencia suprime toda negatividad a fin de acelerarse. La aceleración de la modernidad resalta precisamente la pérdida del morar, el no pararse en nada, zapear continuamente, y así se suprime la negatividad. Se pierde el trocar en ser lo negativo, con lo que al no habitarlo se lo despoja, se le convierte en nada. El nuevo nihilismo, el del Big Data. La verdad es el dato, no el hecho, sino el dato. Y por eso se abandona la teoría que se enraiza con contemplación. Precisamente la hiperinformación y la hipercomunicación dan testimonio de la falta de ser que se trueca en falta de verdad, pues más información no elimina la fundamental imprecisión del todo sino que la agrava. Es así que el crecimiento de la información lleva a la muerte de la teoría, tras la muerte de Dios y del hombre. Un nuevo nihilismo hipermediático que convierte a los sujetos en deseantes con una imaginación determinada sobre todo por el mercado de los bienes de consumo y la cultura de masas, sujeto que acaba por aceptar el paso del “Eros” a la obscenidad de lo pornográfico. Hemos perdido la capacidad de experimentar al otro de cara a su alteridad al destruir la distancia frente a él, para establecer una cercanía positiva que lleva hacerlo desaparecer. Cabe ahí hablar de una subjetividad reticular?

Y de ahí la psicopolítica digital, que de la vigilancia pasiva muta hacia un control activo que afecta a la misma voluntad libre. Con el Big Data se pueden hacer pronósticos sobre el comportamiento humano, haciendo así el futuro predecible y controlable, lo que anuncia el fin de la persona y de la voluntad libre. Habrá que usar la red TOR y móviles con encriptación?

Autor: denobisipsis

Profesor de Filosofía en el IES Gabriel y Galán de Plasencia. Interesado en las nuevas tecnologías.

4 comentarios en “El nuevo nihilismo del Big Data según Byung-Chul Han”

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