Trabajo, sexo y poder en la vida de las personas: Anthony Giddens y las consecuencias de la modernidad

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Con los cambios producidos en la modernidad, de qué manera ha cambiado la vida de la gente en la actualidad? Es una pregunta que articula gran parte del hilo conductor del pensamiento de Anthony Giddens. Al centrarnos en las características del “modo de vida”  lo expresamos filosóficamente con el concepto de condiciones universales de la vida humana, que remite a la filósofa H. Arendt, pudiendo hablarse en general de “condición humana”, concepto que está calando y que podemos considerar que se está convirtiendo en paradigmático[1]. Este concepto viene a tratar de superar tanto los conceptos excesivamente formales que minimizan la estructura de la persona humana como aquellos que la esencializan. Pretende ser dinámico sin duda, y en ello reside que las llamadas condiciones universales de la vida humana no sean a priori sino históricas y que como tales puedan variar. La articulación de estas condiciones es lo que da lugar a uno u otro tipo de sociedad. Son universales por esto no como portadoras de necesidad sino en cuanto comunes a todas las sociedades conocidas. Lo único necesario es su comunicabilidad de la experiencia, la posibilidad de su repetición. Repetición que es la base de lo previsible, y por tanto de la acción social, aspecto resaltado por Max Weber.

         Tales universales han sido expresados de distinta manera pero vienen a reducirse a tres:

  • el Trabajo, en cuanto supervivencia corporal (dotación de alimento),
  • el Sexo (abarcante de las relaciones de parentesco, sean sexuales o entre generaciones)
  • y el Poder (reflejado en la política como forma de controlar la violencia y agresividad).

Podríamos hablar reflejando lo anterior de relaciones económicas, de parentesco y políticas, como tres esferas. ¿Cómo se articulan estas tres esferas en la modernidad? Es decir, ¿qué reordenación de estas esferas comienza a producirse desde los siglos XVI y XVII de tal forma que se acepta que surge un nuevo tipo de sociedad, la capitalista, asociada a la modernidad? Un fenómeno diferenciador se impone: por primera vez, y en esta época continuamos, asistimos al fenómeno de la mundialización, unido sin duda de manera importante al desarrollo del capitalismo, lo que va a trastocar a las otras dos esferas, tanto la de la política como la del parentesco.

         Es aceptado que en esta época, hacia los s.XVI-XVII emerge la categoría de lo económico[2], circunstancia que va a cambiar la estructura de la sociedad, que va a producir una “gran transformación”, término con el que Polanyi designa el desarrollo de la economía como una entidad independiente de la política. En este marco general, cómo estructura Giddens las esferas que se han establecido como definidoras de la vida humana? Es decir, dados los supuestos de las condiciones universales de la vida humana (parentesco, economía y política), y sus variaciones históricas en tres grandes tipos de sociedad humana, la tribal, la estamental y la capitalista, nos preguntamos por la estructura de la vida humana en esta última fase siguiendo el hilo conductor de A. Giddens en Consecuencias de la modernidad[3].

         Comienza señalando que ya no podemos seguir manteniendo una “gran narrativa”, hasta el punto de considerar la modernidad de modo discontinuo con respecto a épocas premodernas: “Tanto en extensión como en intensidad, las transformaciones que ha acarreado la modernidad son más profundas que la mayoría de los tipos de cambio característicos de períodos anteriores”[4]. Transformaciones que en cuanto cambios se reducen a tres:

  • aceleración en el ritmo de cambio (ej. claro la tecnología),
  • en el ámbito del cambio (se mundializa),
  • y en algo que es totalmente nuevo, moderno por tanto: las instituciones que surgen, que se llamarán a partir de ahora, “modernas” (como es el caso del Estado-nación).

         Por tanto la modernidad es algo nuevo, ¿pero cómo ha surgido? Giddens establece un sistema de tres condiciones y cuatro dimensiones institucionales que se articulan entre sí. Condiciones de lo que llamamos moderno son:

  • la separación de tiempo y espacio con su correlato en la regionalización de la vida social (como recombinación de los primeros),
  • el desanclaje de los sistemas sociales
  • y el reordenamiento reflexivo de las relaciones sociales en torno al progreso del conocimiento.

         La separación del tiempo y el espacio – en épocas premodernas la medida del tiempo iba ligado al espacio en cuanto lugar concreto- no es sino el corolario de la imposición del uso del reloj que uniformiza a nivel mundial la medida del tiempo, y por tanto el uso del calendario, y del progreso en la cartografía a nivel mundial que va a llevar a no privilegiar ninguna posición, configurando así el espacio independiente de cualquier lugar concreto[5].

Este proceso posibilita de modo general que cualquier proceso tenga lugar en condiciones de espacio-tiempo indefinidas, como lo relativo a las relaciones sociales que se “despegan” de sus contextos sociales de interacción, de dos formas fundamentales, o en la terminología de Giddens, en dos tipos de “desanclaje” que también llama “sistemas abstractos”:

  • en cuanto señales simbólicas al modo de medios de intercambio que pueden ser pasados de unos a otros sin considerar los actores que intervienen (como los medios de legitimación política o el dinero),
  • y como sistemas de logros técnicos o de experiencia profesional que organizan grandes áreas del entorno material y social, llamados “sistemas expertos”.

770413802a7d45f0406c99881d62725e_400x400El fenómeno de desanclaje se observa fácilmente tanto en el uso del dinero, que permite distanciarse tanto espacial como temporalmente, como en el de los sistemas expertos, que nos envuelven hoy día (Giddens se refiere a todos aquellos objetos que consumimos o utilizamos y en los que ha intervenido la investigación científica, lo que hoy día es como decir casi todo. En la mayoría de las ocasiones y para la mayoría de la gente el funcionamiento, composición, etc… de estos objetos nos son desconocidas, al tiempo que afectan a un gran número de personas).

La tercera condición era el reordenamiento reflexivo de las relaciones sociales, algo característico de la modernidad y frente a la tradición, en cuanto cuestionamiento constante del propio conocimiento, aplicado fundamentalmente a las prácticas sociales.

Estas tres condiciones o fuentes de la puesta en marcha de la modernidad vienen implicadas y condicionadas por cuatro grandes agrupamientos institucionales que distingue Giddens para definir la sociedad capitalista moderna, como son el capitalismo, el industrialismo, las capacidades de vigilancia y el control de los medios de violencia. En la sociedad capitalista, como subtipo de la moderna, Giddens señala que se caracteriza obviamente por un orden económico capitalista e industrialista, en el que la economía está muy determinada respecto de otros campos, fundamentalmente el político sobre todo por la existencia de la propiedad privada de los medios de producción al tiempo que la autonomía del Estado es esencialmente económica, basada en su capacidad de acumular capital. Capitalismo vendría definido como

sistema de producción de mercancías centrado en la relación entre la propiedad privada de capital y una mano de obra asalariada desposeída de propiedad siendo esta relación la que configura el eje principal de un sistema de clases” (p.60),

al tiempo que la industrialización abarcaría los fenómenos  de utilización de fuentes inanimadas de energía material para producir artículos (maquinaria), transporte, comunicaciones, etc…Asentado que la sociedad capitalista por ser tal es internacional, como lo es el mercado y la economía, hablar de sociedad, señala Giddens, en este marco es hablar del Estado nacional, en cuanto sistema administrativo que controla un territorio lo que a su vez precisa del desarrollo de capacidades  de vigilancia, como tercer agrupamiento institucional de la modernidad occidental, capitalista, que obviamente llevan a su vez al control legítimo de los medios de violencia.

            Dado por otra parte el ya dicho elemento internacional del capitalismo, la sociedad capitalista es por eso inherentemente mundial, lleva al desarrollo de los procesos de mundialización a los que también hoy día asistimos. Por mundialización entiende Giddens los procesos por los que las relaciones entre formas sociales locales o distantes y los acontecimientos se dilatan, sobre la base del distanciamiento entre tiempo y espacio señalado, en suma, el proceso por el que se interconecta toda la superficie de la tierra, por el que se interconectan todos los contextos sociales o regiones en una red.

Mundialización que Giddens dota de cuatro dimensiones: el desarrollo de una economía capitalista mundial unido al de un orden militar mundial, junto a los desarrollos del Estado nacional y de la división internacional del trabajo. Sin embargo  queda claro que en lo que nos atañe, y como ha sido señalado por muchos otros autores, la economía se independiza de esfera política, o más bien, que solo puede hablarse de categoría económica en cuanto distinta de lo político. El hecho que refleja esta separación es el surgimiento del Estado-Nación correlativo, con sus capacidades de vigilancia y de control legítimo de la violencia. A partir de ahora la seguridad se entenderá en sentido global, supranacional, en el sentido de buscar un equilibrio de poderes en que las armas no se usan. Para Giddens digamos que hoy en día seguimos en este mismo orden moderno, sólo que más radicalizado. Este Estado-Nación cuya soberanía va unida a la sustitución de fronteras por límites establecidos  dentro de los cuales tiene autonomía la que es sancionada por el reconocimiento de los límites de los otros estados. Unido a su vez al proceso de reflexividad se da una tendencia centralizadora de los estados que los puede llevar a ver reducida su soberanía al actuar conjuntamente aunque aumenten su poder en relación al sistema de estados. A nivel político por tanto la tendencia moderna es como la económica de mundialización y creación de órganos supranacionales.

         Cómo revierte todo esto en las personas, y por tanto en las relaciones de parentesco? Por un lado, el desanclaje tanto en lo relativo a las señales simbólicas como a los sistemas expertos, descansa en la “fiabilidad”, en cuanto forma de fe respecto a los resultados o la corrección de principios abstractos (técnicos). El equilibrio entre la fiabilidad y la minimización del peligro, la aceptabilidad del riesgo, es lo que en la sociedad moderna define la seguridad. Por otro lado, y como Giddens asienta, todos los mecanismos de desanclaje, esto es, todos los sistemas abstractos, interactúan en contextos en que la acción ha sido reanclada, en el sentido de que la acción es relacionada con las condiciones locales de tiempo y lugar (aunque sea parcial y de forma transitoria). La fiabilidad la retrotrae Giddens a experiencias humanas fundamentales de  la niñez, del desarrollo de toda persona, la confianza en sus cuidadores y de que no lo van a abandonar aunque se ausenten (la ausencia de esta confianza básica, necesaria y base de la fiabilidad posterior en los sistemas abstractos, es la angustia existencial por tanto). La misma confianza que luego nos dota a nosotros de adultos de una “seguridad ontológica” en el sentido de confianza en nuestra propia autoidentidad y en la permanencia de los entornos sociales y materiales (“Confiar en los demás es una necesidad psicológica persistente y recurrente[6]).

En relación a esta seguridad ontológica se observan cambios evidentes en  la modernidad. Mientras que en épocas premodernas la confianza va conectada a los contextos de confianza y a las formas de riesgo y peligro ancladas en las circunstancias locales del lugar, en la modernidad se da como vemos el fenómeno del desanclaje y la mundialización. Premodernamente, señala Giddens, se dan cuatro contextos localizados de confianza:

  1. el sistema de parentesco, fuente de conexiones sociales fiables que suelen conformar el medio de organizar las relaciones de confianza; pero en la modernidad “las relaciones de parentesco, para la mayoría de la población, mantienen su importancia, especialmente dentro del marco de la familia nuclear, pero han dejado de ser las portadoras de los vínculos sociales intensamente organizados a través del espacio y del tiempo” (p.106);
  2. la comunidad local, en cuanto relaciones localizadas organizadas en términos de lugar, lo que se va a perder con el fenómeno de la separación entre espacio y lugar con la modernidad, entretejiéndose lo local de forma inextricable con lo global, de manera que la comunidad local ya no es el lugar lleno de significados familiares y sabidos por todos sino más bien expresión localmente situada de relaciones distantes;
  3. la cosmología religiosa, religión en sentido amplio y como fuente de seguridad ontológico en torno a interpretaciones morales y prácticas
  4. y la tradición, al hilo de la anterior pero no referido a un cuerpo particular de creencias sino al modo en que estas creencias se organizan sobre todo en relación al tiempo, que es reversible en cuanto que ni pasado ni futuro son distinguibles del presente, y que se plasma en la “rutina”, en al práctica social rutinaria. En la modernidad, el conocimiento reflexivo aplicado a las prácticas sociales excluye lo anterior, siendo ahora por tanto la fuente de seguridad la fiabilidad.

         En relación  a los riesgos, las sociedades premodernas estaban sujetas a los peligros del mundo natural en cuanto catástrofes naturales, enfermedades, lo que cambia ahora: los peligros no derivan tanto de la naturaleza cuanto de la vida social. Se hablaría de “perfiles de riesgo” asociados a los sistemas abstractos. Frente a la frecuencia de la violencia humana en épocas premodernas hoy, aunque el potencial de violencia es mucho mayor en lo que a armamento se refiere, la violencia se ejerce menos o sobre todo controladamente, es patrimonio de los estados, al tiempo que, en lo que se refiere a sociedades desarrolladas, casi se ha excluido en lo relativo al interior de los Estados. Por último, respecto a las prácticas y creencias religiosas como fuentes intrínsecas de ansiedad y temor hoy son más bien los hombres los que crean los riesgos. Es desde este punto que vivimos en una sociedad de riesgo.

         Señalemos a este respecto en lo que respecta a los sistemas de parentesco, un hecho fundamental aún no ha sido señalado, y que es relativo a los fenómenos de desanclaje, globalización y reflexividad: es el desarrollo del individualismo en cuanto que el hombre pierde de alguna manera sus raíces y debe ahora construirse, construir su yo, definir su identidad. Giddens ha estudiado esto en otro libro[7] conectando explícitamente las tendencias globalizadoras de la modernidad con la transformación de la intimidad en el contexto de la vida cotidiana. Todo ello respecto al establecimiento, crucial ahora, de “relaciones puras”, lo que va a modificar no sólo la familia sino todo tipo de relación. Tales relaciones se caracterizan por no estar ancladas en condiciones externas de la vida social o económica:

El matrimonio pasa a ser cada vez más una relación iniciada por el hecho de proporcionar satisfacción emocional, que se obtiene del contacto íntimo con el otro, y se mantiene mientras esto sea así”[8]

Lo que es aplicable a la amistad, con los matices de que aquí el honor premoderno cambia a lealtad (basada en un afecto personal) y la sinceridad se transmuta en autenticidad.  Este tipo de relación se busca además sólo por lo que ella pueda aportar a los contrayentes y está organizada por esto reflejamente. Lo que en situaciones premodernas era el anclaje externo es ahora definido en términos de entrega, de ahí que la relación se centre en la intimidad, sobre la confianza mutua que lleva al desarrollo mutuo, en cuanto que ambos, en el proceso de entrega se revelan al otro, participando así en el proyecto reflejo de su propio yo. Obviamente todo ello lleva a debilitar en cierta medida el estatuto de la familia y la reproducción. La búsqueda de identidad cambia tanto el modo como se establecen las relaciones no en base ya a motivos económicos (el establecimiento de una unidad familiar) como el modo de la misma relación, que más que buscar la autoreproducción en los hijos, se basa en la autorevelación mutua en ámbitos de intimidad que suelen llevar aparejada la sexualidad por sí misma (algo presente de alguna manera ya en Feuerbach). El mismo Giddens al tratar de  analizar las relaciones de intimidad trata primero la amistad, en el sentido de que ahora tienen mucho en común. Al mismo tiempo, el fenómeno de construcción de la identidad va afectar también a la mujer, que va a adquirir entidad propia y por eso se va a independizar del hombre, en el marco también de los procesos de capitalización e industrialización.

[1] Cercana a Arendt está la filósofa Agnes Heller que tras el abandono de su etapa marxista unida a Lukács y a la idea de la gran narrativa, adoptó el concepto de condición humana en torno a establecer una conexión entre antropología filosófica y teoría de la modernidad.

[2] Cf. Dumont, Louis, Ensayos sobre el individualismo. Una perspectiva antropológica sobre la ideología moderna, Madrid:Alianza, 1987,  y Polanyi, Karl, La gran transformación. Crítica del liberalismo económico, Madrid:La Piqueta, 1989.

[3] Giddens, A., Consecuencias de la modernidad, Madrid:Alianza, 1993.

[4] Ibid.,p.18.

[5] Ibid., p.30.

[6] Ibid., p.96.

[7] Giddens, A., Modernidad e identidad del yo, Barcelona:Península, 1995.

[8] Ibid., p.117.

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