El rostro del hombre moderno: Gustav Klimt y Freud

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Viena fue escenario de una revolución en pintura que, fin-de-Siècle, producirá el Art Nouveau que se extenderá por toda Europa: Style Nouveau en Bélgica, Stile Nuovo, Modernismo, Modern Style, Liberty, Jugend Stil, Sécession. Común a todos ellos fueron las aspiraciones de eliminar el pasado burgués mediante un retorno a la naturaleza, a una edad de oro anterior y anacrónica. La pureza original la encontraron en la Edad Media, que acababa de rehabilitar el Romanticismo, con un deseo también de acortar la distancia entre las artes mayores y las menores (aplicadas), la búsqueda de una funcionalidad decorativa y la aspiración a un lenguaje europeo, recuperando la espiritualidad.

Todo comenzó en la década de 1870 con una rebelión edípica colectiva que atravesó la clase media austríaca. Die Jungen fue el nombre que adoptaron estos rebeldes, cuyo movimiento apareció como una Nueva Izquierda. Alrededor de 1890, en el ámbito de la literatura se forma el movimiento Jung-Wien, que socavó la moral burguesa, mostrándose partidario de la verdad sociológica y la sinceridad psicológica, sobre todo sexual. Así Schnitzler, y en general los Enkelkinder de Saar. En esta década de los 90 es cuando la rebelión contra la tradición finalmente se extendió al arte y a la literatura. Lo común a todos fue el rechazo de la tradición realista clásica de sus padres en la búsqueda del rostro auténtico del hombre moderno.

En Austria, el líder de este Arte Nuevo fue Gustav Klimt (Schorske, Viena Fin-de-Siècle, Barcelona, Mili, 1981), el análogo de Freud en pintura. Klimt se sumerge en el yo y emprende un viaje interior del que saldrá mal parado en su enfrentamiento con el academicismo. Forma además parte del ambiente que propició el surgimiento del psicoanálisis y por eso su obra es típicamente freudiana. Temas esenciales serán el sexo y la mujer.

Klimt se disgregó en 1897 de Die Jungen y formó la Secession. Inicialmente era secesión de los padres, iniciando una pretendida primavera sagrada (Ver Sacrum), en cuanto regeneración:

1- Los jóvenes pretendían salvar la cultura de sus mayores, lo que fue simbolizado con el mito de Teseo, que mató al Minotauro (Toro=padre) para liberar la juventud de Atenas y con el símbolo de Atenea, protectora de la polis

2- Era un ataque al historicismo de la cultura heredada mediante el que el burgués ocultaba su identidad moderna y práctica, plasmado en el cuadro Nuda Veritas, donde una niña núbil sostiene ante el hombre moderno un espejo sin imagen, al modo de un espejo del mundo

3- Por último, los secesionistas mantenían la idea de que el arte debe proporcionar al hombre moderno refugio de las presiones de la vida, donde aparece la arquitectura de Olbrich: construyó la Casa de la Secession, con paredes móviles, ambiente sereno, cálido. Y que portaba el mensaje A la época su arte, al arte su libertad.

Klimt en su viaje por el yo recurre a la simbología mítica de Grecia para expresar todo lo que encuentra. Ya Hofmannsthal había desublimado el arte en la inversión de Keats. El mismo objetivo persigue Klimt, quien explícitamente reconoce vínculos con Nietzsche y Schopenhauer. Así, en un panel para el Salón de música de Nikolaus Dumba utiliza los símbolos del Nacimiento de la tragedia: aparece una musa trágica tocando con la lira de Apolo una canción dionisíaca, despertadora de instintos. Aparece también el Sileno, compañero de Dionisos: símbolo de la omnipotencia sexual de la Naturaleza, y la Esfinge, que representa la transición animal a hombre, la mujer en su belleza y terror, devorando a sus hijos. La musa canta a los instintos reprimidos: el sexo fundamentalmente. A partir de ahora la mujer y el sexo serán tema central de la obra de Klimt, derivando hacia la sensualidad, intentando capturar el sentimiento de la femineidad, y utilizando como símbolo el cabello de mujer, e igualándola a la serpiente (largo cabello ondulado). Klimt, en La Secesión su exploración de lo erótico desterró el sentido moral del pecado que había atormentado a los honrados padres. En su lugar surgió un temor al sexo que acosó a muchos de los sensibles hijos educados en la alta cultura estética de fin de siglo. Al igual que la Esfinge, la mujer amenaza al hombre. De manera que Klimt es el exponente de la perversión que sucede a toda época reprimida, hasta encontrar un equilibrio. Hasta ahora Klimt es del agrado de los poderosos. Pero con tres cuadros va a expresar su ruptura total con el academicismo: Filosofía, Medicina y Jurisprudencia, por encargo del Ministerio de Cultura para la Universidad. El tema habría de ser El triunfo de la luz sobre las tinieblas.

Ya con Filosofía (1900) Klimt chocó frontalmente con los reaccionarios: muestra un mundo etéreo, donde los cuerpos van lentamente a la deriva, sin sentido, suspendidos en un vacío viscoso. Aparece una mente consciente: Das Wissen, que es la que nos muestra el drama cósmico. Es el mundo de Schopenhauer. Esta Filosofía recuerda a la “Ebria canción de medianoche” de Nietzsche (Zaratustra), la misma canción que Mahler utilizó como elemento central de su Tercera Sinfonía (1896) (Ciertamente hubo ambiente común entre Klimt y Mahler, pues además de rondar los mismos círculos, Mahler se casó con Alma Schindler, amiga íntima de Klimt.) Inicialmente protestaron los burgueses puritanos de la universidad que buscaban una filosofía científica, unida al progreso, al positivismo, y represora de los instintos. Intelectualmente no cabía sin embargo ninguna crítica seria, pues el gobierno austríaco había apostado por la libertad en las artes como vehículo de unión entre clases y países. Al arte su libertad. Pero la Nueva Derecha hizo fuerte oposición, que estallaría con las dos siguientes obras.

En Medicina (1901) presenta una humanidad semidormida hundida en una instintiva rendición a medias, pasiva ante el fluir del destino. La Muerte la presenta Klimt en el centro de la vida. El tema de la sacerdotisa es repetitivo en Klimt: en todos sus cuadros suele aparecer un símbolo femenino consciente, sabio. Aquí es Higeia: el mensaje es que la experiencia individual del dolor o pasión es individual y no puede ser social. La humanidad está perdida en el espacio. Higeia es la ambigüedad por excelencia, como la serpiente. Klimt proclama aquí la uniónsexo-muerte, liberación sexual-castración, impotencia, disolución personal.

En Jurisprudencia expresó su frustrante experiencia de la autoridad académica, le habían denegado una cátedra. En la parte superior se encuentran las figuras alegóricas de la Jurisprudencia: verdad, justicia, ley, los equivalentes de Higeia y Wissen. Es el mundo oficial. Pero el reprimido mundo inferior muestra el castigo, que Klimt sexualiza, psicologizado como una pesadilla erótica en un infierno frío y húmedo. La víctima, masculina se ve acosada por la castración. Los verdaderos guardianes de la ley son así las Furias de Hesíodo. Klimt muestra así que el poder instintivo es más poderoso que la política, es la vuelta de lo reprimido, señalizado por la desaparición de la diosa. Es la primacía de las tinieblas, no de la luz.

La siguiente fase de Klimt está ya lejos de los cuadros para la Universidad. Fue un proyecto mural a gran escala para celebrar a Beethoven y su musicalización a la Oda a la Alegría de Schiller en la Novena Sinfonía. Es un canto al arte: la política provoca frustración e impotencia, el arte es escapatoria y consuelo. Klimt aporta una alegoría en tres paneles que ilustra el poder del arte sobre la adversidad: el anhelo de felicidad, un hombre fuerte surge de una torre en forma de útero mientras unos espíritus femeninos lo estimulan para que gane la corona de la victoria; las fuerzas hostiles, que son femeninas. Klimt muestra que los deseos y anhelos de la humanidad vuelan por encima de ellas; El anhelo de felicidad culminando en la poesía: el arte, dice Klimt, nos conduce al reino ideal, en el que sólo podemos encontrar pura alegría, felicidad, amor. Es el beso a todo el mundo, un beso ahora erótico, no político, como en Schiller. Esta nueva etapa de Klimt se centra en él mismo: tiene como elementos centrales al hombre y al útero. Psicológicamente, la regresión, al útero materno, es símbolo de anhelo de un pasado mejor, una utopía, en situaciones de dificultad: el volver a nacer. Y esto se consigue en el arte.

Separado de la política y refugiándose en el arte, Klimt también se olvidó de la sociedad. Se convirtió en decorador. Tras el friso de Beethoven se dedica al retrato de mujer, abandonando su exploración sexual en pos de una afirmación simbólica indirecta. Del tiempo a la eternidad: cultura estilizada, simbolización formal. Es la salida de Grecia, el cierre de la caja de Pandora. Klimt viaja ahora a Bizancio. Así en 1908 acontece la Kunstchau, la explicitación de la vuelta al racionalismo estático y la tradición: el arte por el arte. Del rostro del hombre moderno, frustrada utopía, al rostro del arte en sí. Ya no hay símbolos amenazantes: tanto en los retratos de Margaret Stonborough-Wittgenstein, Fritza Riedler y Adele Bloch-Bauer, como en sus últimos cuadros de ideas, Dánae, El beso y Muerte y Vida. La mujer ya no amenaza con su insaciabilidad sino que está dichosamente acurrucada en receptividad. El amor está otra vez en el mundo y la muerte está fuera.

(Extracto de aquí)

2 comentarios en “El rostro del hombre moderno: Gustav Klimt y Freud

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