Política, populismo, refugiados


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¿El momento populista de España? (adesso basta)


En España se habla de “populismo”, aunque es un fenómeno que desde hace unos años atraviesa toda Europa y que fácilmente podemos conectar con la crisis económica de 2008. Los estudios se repiten en revistas de investigación en ciencias políticas:

Como dice Cas Mudde (2004),

SINCE THE 1980S THE RISE OF SO-CALLED ‘POPULIST PARTIES’ HAS GIVEN rise to thousands of books, articles, columns and editorials. Most of them are of an alarming nature, as these ‘new populists’ are generally seen as a threat to liberal democracy.” (p.541)

De manera que es toda Europa Occidental la que está experimentando un Zeitgeist populista. El mismo Giovanni Sartori escribía en 2007 la editorial del Corriere della sera IL FENOMENO GRILLO E IL LESSICO DELLA DEMOCRAZIA. Il revival del populismo

beppe-grillo110Nel caso di Beppe Grillo, anti sta solo per dire «basta » con questi politici, con questi partiti e con questa politica. E, se così, il grillismo non ha sottintesi o implicazioni antidemocratiche. Io non temo ritorni al fascismo né al comunismo (storico) perché entrambi questi regimi hanno perduto, in Occidente, il loro principio di legittimità. Oggi nemmeno Chávez, il più avanzato demagogo dell’America Latina, osa dire che «lo Stato sono io». Oggi la legittimazione del potere (a meno che non sia teocratica) deve essere democratica, deve essere «in nome del popolo ». Però e invece temo «la democrazia che uccide la democrazia, la democrazia che si suicida»

De hecho es un revival cuya emergencia puede rastrearse en los propios debates públicos desde al menos dos décadas (con lo que la crisis no habría hecho sino acerar el fenómeno) como pone de manifiesto el artículo reseñado de M. Rooduijn (2013, minor revision del artículo de 2014) en el que analiza 15 periódicos de Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y Gran Bretaña.

“Populismo” es, sin embargo, un concepto amplio y no unívoco, aunque no sabemos si equívoco o análogo dada su difusión sea geográfica sea cronológica. Entre los precedentes bolshe3históricos estarían tanto el People’s Party de EEUU como el narodnichestvo ruso, habiendo incluso quien defiende su origen en los movimientos de campesinos medievales (consultar por ejemplo la entrada “populismo” de Bruno Bongiovanni en Enciclopedia delle scienze sociali, 1996). 

Debemos referirnos sin embargo a Europa donde queda claro que el país que, en tiempos recientes, más lo ha sufrido (y estudiado) es Italia: «Populista sarà lei!», como se decía en referencia última al peronismo. Se suele resaltar así que el concepto, en su aplicación a los regímenes latinoamericanos, se asienta en la interpretación estructuralista típica de los años 60 y articulada por una multiplicidad de factores de los que se primaba el socio-económico, lo que dejaría fuera regímenes de otras áreas del planeta que, igualmente denominados populistas, no dejaban reducirse fácilmente a ese análisis. Los dos pilares de esta interpretación eran la modernización y la dependencia, junto a la tendencia a entenderlos conectados a determinantes socio-económicos.

9780297000563-uk-300Académicamente tiene su primer momento de análisis serio en el simposio de la London School of Economics de mayo de 1967 organizado por la revista «Government and Opposition» (editado por E. Gellner y G. Ionescu en 1969), interés causado seguramente por la emergencia de nuevos modelos de integración política que se asociaban con países del Tercer Mundo y de tipo normalmente autoritario, aunque se incluía igualmente el fenómeno de la individuación de tendencias propio de sistemas pluralistas y que tomaba como modelo a los EEUU.

En ese simposio la cuestión se centró e dilucidar si era un concepto unívoco, y en ese caso, si próximo al de ideología o, genéricamente, al de un movimiento creador de una mentalidad resultado de particulares situaciones sociales o psicológicas, o incluso como estilo político sin más.

Es en este contexto que aparece el concepto de “complejo de Cenicienta“, introducido por Isaiah Berlin y con el significado, propio de las ciencias sociales, de verse abocado a la frustración al identificar un tipo ideal de populismo sin ningún referente en la realidad. Del mismo I. Berlin tenemos una caracterización del populismo en 6 rasgos:

1- la idea de una sociedad cohesionada conceptualmente cercana a la de “comunidad orgánica” tal como Ferdinand Tönnies la describe en Gemeinschaft und Gesellschaft (1887)

2- la mayor credibilidad dada a la Sociedad que al Estado.

3- la preocupación por restaurar la armonía entre el “pueblo” y el orden natural

4- la tendencia nostálgica a recuperar valores de otras épocas

5- la convicción de hablar en nombre de la mayoría

6- la tendencia a aparecer en sociedades inmersas en procesos de modernización

1397522763642-mudde1Como ideología se resaltaba su reclamo anticlasista y su pretensión de resolver los conflictos sociales que habrían fracturado la originaria unidad de la sociedad. Paulatinamente se habría ido sacralizando la idea de “pueblo” en cuanto fundamento de todo valor social y político. Llegamos así a Cas Mudde, uno de los principales estudiosos, para quien el “populismo” es una ideología que analiza la sociedad como dividida en dos grupos homogéneos y antagonistas: el “pueblo”, puro, contra la “élite”, corrupta. De donde que la política debiera ser una expresión de la voluntad general del pueblo.

Contra este reduccionismo en cuanto ideología tenemos las interpretaciones alternativas que basculan entre mentalidad y estilo político, espacio hermenéutico que en conjunto ayudaría a escapar del complejo de cenicienta sociológico, y que nos permite definir “populismo” como una mentalidad ligada a una determinada visión del orden social y que considera al pueblo como portador de específicas virtudes de forma natural, de donde la consecuente reivindicación de su primado como fuente de legitimación para la acción política.

Lo que habría que discutir es, aceptando la anterior definición no reduccionista, el concepto de “pueblo” que se maneja. Tenemos dos clasificaciones:

a- Desde una óptica anglosajona, Margaret Canovan (1981) da cuatro posibles sentidos: united people (que apunta a la abolición de divisiones ideológicas), common people (en relación a los pobres, marginados,…), ordinary people (la gente sencilla, común,…), y ethnic people (el pueblo como determinada comunidad, “nuestro” pueblo como heredero de una específica tradición cultural, lingüística, religiosa o racial).

b- según Mény y Surel (2000) tenemos: el pueblo-soberano como fundamento de la legitimidad política, el pueblo-clase (plebe, gente qualunque, sentido más económico), y, por último, el pueblo-nación ligado a rasgos culturales y étnico-raciales (donde reaparece la división de los espacios ideológico, de mentalidad y de estilo político)

 

qualunquistaSintetizando, parece que el rasgo que unifica estas divisiones es el de pueblo como comunidad imaginaria y mitificada, como unidad idealizada de estratos que en la realidad se muestran fracturados. Lo que conlleva (y no es difícil comprobarlo en la realidad histórica) el apelo a un destino común que supera cualquiera de las particulares tendencias de los individuos que componen esa unidad, destino que vendría por otro lado a dar solidez y sentido a sus vidas.

Del demos antiguo al ethnos, el mensaje populista reclama así la reconciliación social de una masa herida por corruptos o enemigos del “pueblo”, de donde la aparente primera sensación de que es un movimiento antipolítico, pero aparente porque el populismo busca justamente ocupar ese espacio de la política manchado por los enemigos con gente no solo legitimada políticamente en un sentido mucho más profundo sino incluso caracterizada como honesta y más competente que la anterior clase corrupta.

Próximo a la democracia, el populismo tiende sin embargo a entenderse no desde el punto de vista representativo propio del liberalismo (democracia como poliarquía), sino, siguiendo a Durkheim, desde el punto de vista de la solidaridad mecánica en abierta posición antiliberal, y cuya consecuencia más oscura podría ser la de la emergencia de un líder carismático defensor de una cosmovisión maniquea que se opondría, desde luego, al pluralismo político. Pluralismo que se mostraría así como una patología social que necesita ser curada. Sin llegar a ese extremo, queda claro que el populismo incluye al menos un elemento de fuerte crítica al sistema de representación de las democracias liberales.

 

  • Ghița Ionescu; Ernest Gellner (1969), Populism; its meaning and national characteristics, London School of Economics and Political Science, New York : Macmillan (que recoge parcialmente las contribuciones)

  • Norberto Bobbio; Nicola Matteucci (1976), Dizionario di politica,  Torino : UTET

  • Margaret Canovan (1981), Populism, New York : Harcourt Brace Jovanovich

  • Paul A Taggart (2000), Populism, Philadelphia : Open University Press

  • Y. Mény – Y. Surel (2000), Par le peuple, pour le peuple. Le populisme et les démocraties, Paris:Fayard
  • C. Mudde (2004), The Populist Zeitgeist, in «Government and Opposition», XXXIX, 4
  • Marco Tarchi, Il populismo e la scienza politica: come liberarsi del “complesso di Cenerentola”, in “Filosofia politica” 3/2004, pp. 411-432, doi: 10.1416/16274
  • Loris Zanatta, Il populismo come concetto e come categoria storiografica, in A. Giovagnoli – G. Del Zanna (a cura di), Il mondo visto dall’Italia, Guerini e Associati, Milano, 2004, pp. 195-207
  • Giovanni Sartori (2007), IL FENOMENO GRILLO E IL LESSICO DELLA DEMOCRAZIA. Il revival del populismo, editorial del Corriere della sera, 2 ottobre 2007(modificato il: 11 ottobre 2007) (consultado 26/04/2016)