Política, populismo, refugiados

Estándar

Temas:

liberalismo, populismo, refugiados, lucha de clases, conflicto, estado nación, corrupción, derechos humanos, ecología, pacto social, contractualismo, Europa, Agnes Heller, Modernidad, inmigrantes, nihilismo, big data, ciudadanía, justicia, Byun Chul-Han, globalización, muerte de Dios, hikikomoris, buena gente, ética, Fukuyama, Italo Calvino

Liberalismo (neo- o no) y educación

Estándar

Voy a discutir algunas ideas liberales sobre educación al hilo del debate abierto entre Juan Ramón Rallo, Liberalismo y derecho a la educación: réplica a José Antonio Marina (Confidencial 17-02-2017), y José Antonio Marina,  Estado y educación: una pregunta al modelo neoliberal (Confidencial, 14-02-2017).

El ideal pedagógico liberal lo han expresado John Stuart Mill en Utilitarianism (1863)

But there is no known Epicurean theory of life that does not assign to the pleasures of the intellect, of the feelings and imagination, and of the moral sentiments, a higher value as pleasures than those of mere sensation [Hence]: It is better to be a human being dissatisfied than a pig satisfied; better to be Socrates dissatisfied than a fool satisfied

y John Rawls en A Theory of Justice (1971, Revised Edition 1999)

in accordance with the Aristotelian Principle (explained below in §65), I assume that human beings have a higher-order desire to follow the principle of inclusiveness. They prefer the more comprehensive long-term plan because its execution presumably involves a more complex combination of abilities. The Aristotelian Principle states that, other things equal, human beings enjoy the exercise of their realized capacities (their innate or trained abilities), and that this enjoyment increases the more the capacity is realized, or the greater its complexity. (p.364)

marthanussbaumSi atendemos al aspecto socrático (que articula el aristotélico) de “una vida no examinada no merece la pena”, será M. Nussbaum quien mejor explicite el ideal pedagógico del liberalismo en distintos escritos (Cultivating Humanity. A Classical Defense of Reform in Liberal Education, 1998 y Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades, 2010, en especial el Capítulo 4. La pedagogía socrática: la importancia de la argumentación, pp.75-112), y en una línea socrática que recorre obviamente toda la historia incluyendo a Dewey.

El punto clave residiría en la cuestión de la neutralidad del Estado ante este “examen vital” que cada uno debe emprender en cuanto articulación de una concepción del bien que debe convivir en sana tolerancia con las de los demás. ¿Realmente cabe neutralidad? Tal es el punto sobre el axioma de la “mano invisible” que del mercado a la educación garantice el desarrollo moral ligándolo a instituciones meramente privadas. Aquí la cuestión. Hasta el punto de que Kenneth Strike discute sobre lo iliberal de la política educativa liberal en “Is Liberal Education Illiberal? Political Liberalism and Liberal Education” (Philosophy of Education 2004) en el sentido de que se acaba minando esa neutralidad, pues se defiende un cierto ideal de desarrollo humano que en absoluto es neutro.

Como no podemos separar el ideal pedagógico del ético y político, se hace necesario correlacionar estas ideas con los principios del “liberalismo político” del que confusamente se hacen eco en ese debate sin referirse a uno de sus principales teóricos, el citado John Rawls. Precisamente es Rawls quien ha introducido la diferencia entre “liberalismo ético” y “liberalismo político” (¿o es que la educación es una cuestión de liberalismo económico?) en torno a la cuestión del “derecho a la autonomía“, previo a un cierto derecho a la educación. La pregunta es entonces si puede una institución educativa no comprometida con ese derecho educar buenos ciudadanos.

johnrawlsyall_0Y puesto que de buenos ciudadanos se trata no podemos obviar que se presupone un cierto tipo de sociedad (de nuevo nada de neutralidad). Para Rawls una sociedad lo será si se asienta en algún tipo de cohesión que remite a los llamados “principios de justicia“:

  • que cada persona tenga el mismo derecho a desarrollar un esquema de libertades básicas compatible con los de los demás (que remite al imperativo categórico kantiano en el Derecho),
  • y que las desigualdades sociales y económicas deben limitarse solo a posiciones abiertas a todos bajo las mismas condiciones de igualdad y oportunidad (concursos públicos, etc…), y que favorezcan el máximo beneficio para los más desaventajados de la sociedad.

Parece claro entonces que las instituciones educativas deben jugar un importante papel en la promoción de esta justicia social, siempre que respeten la diversidad de posiciones sobre las formas de vida y lo que es bueno.

Los niños deben así recibir una una educación que les prepare para ser capaces de darse una “concepción del bien” y de ejercer sus derechos y libertades, es decir, de cara a su futuro “ser ciudadanos libres e iguales”. Asumiendo este punto de partida, queda claro que, aunque contribuyan legítimamente a la educación, ni la familia ni las instituciones privadas pueden garantizar este tipo de enseñanza orientada a las virtudes políticas. Como señala Kymlicka en distintos escritos, no todas las familias preparan a sus hijos para interactuar con otros sobre la base de la reciprocidad y el respeto, e incluso puede que inculquen posiciones sexistas, racistas, etc…, lo mismo que cualquier otro tipo de asociación civil como clubes, iglesias, vecindarios, etc…Hasta hay grupos que directamente se enmarcan en la llamada “bad civil society” (Chambers&Kopstein en Political Theory, Vol. 29, No. 6 (Dec., 2001), pp. 837-865).

¿Y el mercado? Obviamente se mueve por unos intereses ajenos a las “virtudes políticas”. Y hasta la propia “mera” participación política no garantiza el logro de esa cohesión social de tipo rawlsiano, pues puede verse movida por intereses igualmente privados y excluyentes. El problema del liberalismo, y que reaparece en la educación, es lo iluso de una “mano invisible” que contribuiría a crear un consenso moral suficiente en el sentido rawlsiano. Pues ejemplos de sobra hay en la historia para desconfiar de ello. De fondo, la idea liberal de que las políticas públicas deben ser limitadas y minimizadas, pero, ¿hasta dónde?

Strike recuerda el caso Bob MOZERT, et al. v. HAWKINS COUNTY PUBLIC SCHOOLS, et al. de 1987 en que los padres querían que sus hijos fuesen eximidos de ciertas lecturas por cuestiones religiosas. Y sobre todo la cuestión evolucionismo vs. creacionismo retomada en el caso Edwards v Aguillard de 1987 donde se permitió enseñar uno siempre que se hiciera lo mismo con el otro, dejando al alumno que, con las evidencias presentadas por cada teoría, eligiera la visión que le pareciese más acertada.

Y si de interés no neutral hablamos, parece obvio que la “mano invisible” del mercado no queda ni mucho menos fuera de la objeción. Strike propone una situación imaginaria (que quizá no lo es tanto, y es la flaqueza de #Rallo):

Imagine that a school board required that all subjects be taught with an emphasis on career skills and career potential. How might one teach poetry? Perhaps one might emphasize career opportunities in the greeting card industry or with advertising agencies. The curriculum might contain units such as “Rhyming made easy,” “Three easy steps to sentimentality,” or “How to manipulate with jingles.” The example illustrates what happens to practices when they are taught with an excessive emphasis on their technical execution and instrumental applications and are disconnected from their internal goods

El problema de la neutralidad es además central en Rawls. Y puede que él mismo no haya sacado las necesarias consecuencias de sus postulados por no haber tomado abierto partido por una más robusta educación pública, necesaria a poco que se lo piense para sostener su idea de justicia social. Quizá porque asuma como liberal que el estado debe ser neutral en relación a las concepciones morales de los ciudadanos. Pero ¿qué neutralidad? ¿y es posible?

41t6iblnxxl-_sx387_bo1204203200_M. Victoria Costa analiza la cuestión general de la educación en Rawls en Rawls, Citizenship,and Education (Routledge studies in contemporary philosophy; 21, 2011). Habría una neutralidad de objetivos: que el estado debe garantizar la igualdad de oportunidades en relación a ideas del bien que sean compatibles con la justicia, y que el estado no debe favorecer ninguna doctrina en particular.

Pero Rawls también introduce otro tipo de neutralidad que Costa llama “neutralidad justificativa restrictiva“, en el sentido de que las justificaciones políticas deben limitarse a las llamadas “razones públicas“, esto es, razones que todos los ciudadanos podrían considerar aceptables. Como objeción queda que no todas las razones públicas tienen el mismo peso y por eso es una neutralidad que falla al no ofrecer un criterio para discriminar entre ellas.

En todo caso queda finalmente la idea de que los niños deben ser educados en orden a desarrollar las disposiciones de un ciudadano razonable, so pena de desestabilizar la sociedad. Se plantea entonces de qué manera puede el Estado promover este objetivo de forma congruente con la neutralidad justificativa restrictiva. Las ideas de Rawls apuntan a lo siguiente:

It will ask that children’s education include such things as knowledge of their constitutional and civil rights, so that, for example, they know that liberty of conscience exists in their society and that apostasy is not a legal crime, all this to ensure that their continued religious membership when they come of age is not based simply on ignorance of their basic rights or fear of punishment for offenses that are only considered offenses within their religious sect. Their education should also prepare them to be fully cooperating members of society and enable them to be self-supporting; it should also encourage the political virtues so that they want to honor the fair terms of social cooperation in their relations with the rest of society.”

(2001, Justice as Fairness: A Restatement, Erin Kelly ed. , Cambridge: Harvard University Press, p.156)

Pero desde que se busca el desarrollo de “virtudes políticas” no se puede mantener una visión minimalista en educación, y este es el límite del liberalismo. Consintiendo en la necesidad de ampliar el alcance de esta educación, solo habría que limitarse por dos requerimientos:

  • que el estado no obligue a enseñar una particular concepción del bien (negativo),
  • y que las escuelas promuevan activamente la asunción de las normas, principios y procedimientos públicos, junto a las disposiciones necesarias para la tolerancia y el mutuo reconocimiento (positivo)

Lo que suelen defender los “liberales” es, sobre todo, el requerimiento negativo que ha venido en conceptualizarse como “silencio liberal” al considerarse que el estado debe quedar al margen de las controversias sobre el bien. Pero esto no garantiza que se promuevan las virtudes públicas, que precisan de una cierta capacidad para ser razonable. Y si esto es así, el requerimiento positivo, obviado por los “liberales”, entraría en conflicto con el primero. Se hace necesario entonces un equilibrio.

Sturges contra Capra: la nueva lucha de clases

Estándar

xthumb_15084_portadas_big-jpeg-pagespeed-ic-kpgjxun2yjDe nuevo polémico y provocador ataca Zizek con su último libro La nueva lucha de clases. Los refugiados y el terror, Anagrama 2016.

Mantiene la tesis de la vigencia de la lucha de clases aunque rediviva bajo los fenómenos del terrorismo y de la inmigración/refugiados, al hilo de un capitalismo globalizado que se ha consumado determinando todas las condiciones de vida (según la tesis de Sloterdyk en En el mundo interior del capital). No se trata solo de una conquista de todo el globo sino de la conformación de un espacio cerrado que marca una radical separación con lo “exterior”, universalizando la radical división de clases.

Es desde esta óptica que plantea, en primer lugar, el problema de los refugiados: no se trata de sentimentalismos moralinos (que como decía Wilde en EL ALMA DEL HOMBRE BAJO EL SOCIALISMO son los que obstaculizan el  verdadero cambio) sino de “reconstruir la sociedad global de tal modo que los refugiados ya no se vieran obligados a vagar por el mundo“.

Tenemos que volver a plantearnos (Wieder-Holung) la pregunta por Europa y lo que como ciudadanos nos atañe. Las democracias se ven socavadas por las crisis económicas y por la voracidad de las multinacionales que con tratados como el TTIP se imponen a las mayorías legítimamente elegidas. Acaso estemos en la etapa que Jeremy Rifkin llamó “capitalismo cultural” o posmoderno en que ha acabado por cosificarse la propia experiencia (audiovisual predominantemente): se compran menos objetos materiales pero más experiencias: sexo, comida, comunicación… Consumidores de nuestra propia vida para la que compramos tiempo, es el ideal foucaultiano del Yo como obra de arte corrompido por el dinero.

Si queremos sobrevolar esta pendiente lo primero es dejar de lado ciertos tabúes de la izquierda:

  • primero, abandonar la idea de que la experiencia interior es la verdadera pues lo que nos decimos sobre nosotros mismos es básicamente una mentira; la verdad está en el exterior, en lo que hacemos.
  • otro tabú es equiparar cualquier proceso emancipador europeo con un imperialismo cultural; ya no es posible una democracia liberal global a lo Fukuyama aunque de hecho el capitalismo ha triunfado. Zizek defiende la vigencia de esos valores europeos u occidentales que bien interpretados servirían para acotar los daños de la globalización capitalista, pero la izquierda se empeña en atacarlos.
  • hay que abandonar la idea de que proteger nuestra identidad es un acto fascista. Siendo el verdadero problema el capitalismo, se trataría de refutar las posiciones antiinmigración como mucho más peligrosas para nuestro modo de vida que todos los inmigrantes juntos.
  • tenemos que asumir que criticar al islam no tiene que ser expresión de islamofobia. Hay cosas criticables y la izquierda debe afrontarlas
  • no se puede tampoco equiparar religión politizada con fanatismo, ni presentar a los islamistas como fanáticos “irracionales” premodernos.

 

benja-644x362Volviendo a la cuestión del capitalismo, lo que Zizek dice es que los problemas de integración de los inmigrantes/refugiados son expresión de lo que Benjamin llamaba “violencia divina“, violencia sin más, resentimiento vago e inarticulado que solo busca reconocimiento, y esto es lo que marca la diferencia entre las revueltas de Mayo 68 y la de 2005 en Paris. Debemos resistirnos a la “tentación hermenéutica“, a querer buscar significados ocultos a esas revueltas  violentas, que no serían más que lo que Lacan llamaba “passage à l’acte“, impulsivo pasar a la acción sin palabras y acompañado de una frustración intolerable. Es justamente el propio Benjamin el que ya se dio cuenta que lo que él llamó violencia divina no es sino la lucha de clases. Violencia sin sentido, destructora sin más, como en Auschwitz, y de ello no se puede aprender nada.

En primer lugar, y recuperando la idea de que la izquierda debe abandonar ciertos tabúes que le impiden pensar correctamente la situación, hay que preguntarse si los refugiados quieren de verdad integrarse y cómo. Su patente rechazo a hacerlo no es sino expresión de una guerra cultural en el fondo desplazamiento de la lucha de clases en este capitalismo globalizado. Si nos sentimos mal por ello no es algo que deba calificarse de “racista” ni de “fascista” (véase Giacomo Marramao. Identidad y terror: la nueva lógica del conflicto-mundo).

Pues el mayor peligro para nuestra forma de vida no son los inmigrantes sino las ideas de los partidos populistas antiinmigración, es decir, que el problema apunta a lo que sea nuestra propia identidad europea.

20137774Somos extraños incluso para nosotros mismos, como Ethan en Centauros del desierto, y por eso lo universal lo es de lo “extraño”, y la manera de llegar al prójimo no es la empatía sino “una carcajada irrespetuosa que se burle tanto de él como de nosotros en nuestra mutua falta de (auto)comprensión“.


Preston Sturges
contra Frank Capra, Los viajes de Sullivan contra Juan Nadie, Zizek se decanta por el primero: no hay “bondad” en el prójimo, no sabemos lo que hay y puede que no nos guste. Por eso la ética de ayuda al refugiado no puede anclarse en un sentimentalismo simplón que no tiene en cuenta que el inmigrante, como cualquier otro, puede no caernos bien, puede ofendernos, ser impaciente, violento, y aún así seguir vigente el imperativo de ayudarle. Los refugiados no son personas como nosotros porque ni nosotros lo somos (como Ethan al final de Centauros del desierto), y por eso no basta con hacer lo mejor sino que hay que hacer lo necesario (Churchill dixit).

 

 

Giacomo Marramao. Identidad y terror: la nueva lógica del conflicto-mundo

Estándar

“CUANDO EL EXTRANJERO ERA CONSIDERADO UN HUÉSPED”. HABLA GIACOMO MARRAMAO

ospite

VERA MANTENGOLI

La palabra “huésped” apuntaba originalmente al extranjero, al forastero, al peregrino. Los huéspedes eran aquellas personas que llegaban de lejos a un lugar desconocido. Necesitaban protección, al tiempo que aportaban información sobre otros mundos. Precisamente esa diversidad contribuía al enriquecimiento. Pero hoy lo extranjero representa para muchos la amenaza,  ¿cómo es posible que se haya llegado a considerarlo un peligro? El filósofo Giacomo Marramao habló de ello el 8 de septiembre de 2016, en el Piazzale Candiani de Venecia, proponiendo también un modo de superar los conflictos. La intervención, en el marco del Festival de la política de Mestre y moderada por el filósofo Massimo Donà, se titula “Identidad y terror: la nueva lógica del conflicto-mundo“.

El autor de Pasaje a Occidente, nacido en 1946, sostiene que después del 11 de septiembre de 2001 la globalización ha producido nuevos conflictos y un reclamo exagerado al derecho a la propia diferencia: “tanto más tengamos un proceso de interdependencia entre grupos humanos y culturas diferentes -explica el profesor de Filosofía Política de la Università degli Studi Roma Tre- tanto más tendremos formas de división y diferenciación“.

Los desencuentros surgidos tras las torres gemelas no son sin embargo asimilables a las formas de conflicto tradicionales, donde el conflicto viene caracterizado según la teoría de la estrategia y su lógica en un contexto internacional geopolítico: “Cierto -explica Marramao, miembro directivo de la revista filosófica Irideque estas dos dimensiones están todavía ligadas a una lógica racional de acaparamiento de los espacios y poder sobre los recursos, pero hoy ha aparecido una nueva forma de conflicto que es la de la dimensión del conflicto identitario“.

En el mundo globalizado el mercado viene determinado por el fenómeno de la exclusión de la identidad, como muestra por ejemplo la macdonaldización que tiende a homologar las ciudades de todo el mundo proponiendo espacios internos siempre iguales. Tanto más el mercado reduce los espacios de intercambio de las diferencias culturales, tanto más se generan formas de clausura y defensa de la propia identidad. La apuesta es por lo tanto enorme: se lucha para defender la propia identidad, en particular contra la occidental que tiende a uniformar las diferencias: “Se trata de un mecanismo frustrante -prosigue el filósofo, autor igualmente de El Leviatán, La pasión por el presente y Contra el Poderque da lugar a una autoafirmación identitaria que puede asumir niveles de notables dimensiones“.

160512-marramao

Giacomo Marramao

El huésped, que en un tiempo fue acogido con curiosidad precisamente por ser diverso, es visto hoy como una amenaza de anulación de la propia identidad: “No es nuevo el desafío del terror al otro -continúa Marramao eligiendo con cuidado cada palabra y explicándose lentamente, dando tiempo a su interlocutor a seguir el razonamiento- sino que lo novedoso de los últimos años es el tamaño de la ola migratoria que no se puede parar anulando al otro. Acabo de estar en un congreso en la Toscana donde he atendido la intervención del ministro de relaciones exteriores alemán, Frank Walter Steinmeier, que ha dicho que levantar muros es inútil por dos motivos: produce nuevos conflictos y no tiene ninguna eficacia“.

Pero, ¿quién es hoy el extranjero, aquel huésped del que sentimos terror y que seguimos proyectando fuera de nuestro campo identitario? “Viene refutada una idea de civilidad occidental uniformizante -afirma el filósofo- sin que nos demos cuenta de que los extranjeros más radicalizados están ya con nosotros. Sus abuelos lograron integrarse, pero ellos ya no lo están. Todos reclaman un derecho a la diferencia, lo que se  ve claramente en la búsqueda obsesiva de las propias tradiciones que va en contra de por ejemplo la búsqueda de universalidad propia de la modernización“. La Italia de los años 60 apuntaba precisamente a esa universalidad. Pensamos en las voces que hablaban de un lenguaje sin acento que pudiera revelar el país de origen, al contrario de hoy que se busca acentuar la propia lengua.

Marramao explica esta idea de conflicto contemporáneo mediante la expresión “universalismo de la diferencia”: “El problema -reafirma el filósofo, fundador de revistas históricas como Laboratorio Político o El Centauroes que el modelo de integración fundado sobre la uniformidad excluye la cuestión de la diferencia. El universalismo identitario desencadena los fundamentalismos y esto es lo que debemos manejar. Pensemos en Italia, podemos encontrar en nuestra mejor tradición el valor de la diferencia. El derecho a la diferencia no puede ser confundido con la diferencia al derecho que debe ser universal“.

Giacomo Marramao

Giacomo Marramao

¿Qué significa esto traducido al lenguaje de lo cotidiano? La cuestión del velo puede clarificar de qué está hablando el filósofo. Si la norma es que en los lugares públicos se debe ir descubierto por cuanto es preciso ser reconocible, viene infringida al cubrirse la cara: “Francia es un gran país -comenta Marramao- que ha creado el universalismo político moderno, pero si de improviso prohíbe el burkini acaba aplicando aquel proceso que nos quiere a todos uniformados“.

Para defenderse del otro Europa parece estar invirtiendo mucho en la seguridad de las propias fronteras: “Por definición Europa -explica Marramao-es un continente de fronteras, formado por naciones estado, pero hoy creo que esta idea ha sido superada. Hungría y Austria muestran las implicaciones violentas de la voluntad de defender las propias diferencias, pero estoy en contra de quien aboga por un retorno a los estados nación porque sería no hacerse cargo de la estructura del mundo global. Pensemos en los Estados Unidos, en la India, Brasil, Rusia o Sudáfrica. Ningún estado por sí mismo tiene alguna posibilidad de sobrevivir en un mundo globalizado“. El filósofo no oculta que la Europa de los últimos años haya multiplicado la burocracia y haya contribuido a alejar al ciudadano de las instituciones con políticas de austeridad, aunque sostiene por otro lado que una Europa que se haga cargo de las diferencias culturales es el único camino por el que volver a considerar al extranjero un huésped y desarrollar una política que incluya al otro, sin que nos cause terror.

Giacomo Marramao

Giacomo Marramao

El derecho de asilo no pertenece a la época contemporánea -explica Marramao que en síntesis ha anticipado algunos pasajes de la intervención- sino que proviene de la antigua Grecia y continúa en Roma y ha sido siempre un pilar de la cultura antigua de la que provenimos y donde encontramos nuestras raíces. Para los griegos el extranjero es por definición un huésped, un hostis, y no por casualidad encontramos la misma raíz en hostal, hospital y en hostess (azafata). En toda la Odisea el extranjero viene acogido y respetado“. ¿Como se puede volver a considerar al extranjero como huésped? “El secreto -concluye el filósofo- es un mensaje que digo siempre a los jóvenes y a mis estudiantes: estad abiertos al mundo y sentiros orgullosos de vuestra historia. El secreto es tener juntas las dos cosas“.

(La autora de la reseña es Vera Mantengoli @VeraMantengoli, a la que agradezco públicamente el permiso para mostrar esta traducción)

Manipulemos a los niños

Estándar

marthanussbaumEstamos viviendo una crisis de orden planetario ¿Se trata de la economía o del terrorismo?

“No, me refiero a una crisis que pasa desapercibida, una crisis que probablemente sea, en el largo plazo, incluso más perjudicial para el futuro del autogobierno democrático: una crisis mundial de la educación. “

¿Por qué M. Nussbaum es tan radical? Si hablamos de crisis pensamos ipso facto en momentos de cambio, queridos o no, controlados o no, que nos obligan a pensar el modo de afrontar la nueva situación. Pero “estos cambios no han sido bien pensados”. Pues los sistemas educativos a nivel global están sistemáticamente descartando las habilidades necesarias para la democracia (ahora que se habla de habilidades y competencias), centrándose más bien en la “generación de máquinas útiles y no ciudadanos completos”.  Pues tales habilidades son  justamente las que se transmiten por medio de las disciplinas ahora vilipendiadas como inútiles, o acaso como adornos melifluos: las humanidades y las artes.

¿De qué habilidades necesarias para la democracia, y que sólo las artes humanidades pueden transmitir, habla M. Nussbaum?

  • la capacidad de pensar de manera crítica
  • la capacidad de trascender las lealtades locales y acercarse a los problemas mundiales como un “ciudadano del mundo”
  • y la capacidad de imaginar comprensivamente la situación del otro

Lo que estas habilidades fomentan es la posibilidad de un marco democrático en el contexto de una “cultura mundial decente“, que no se avergüence del modo en que maneja problemas como el de los refugiados. Y eso exige superar las limitadas visiones economicistas que plantean el bienestar de un país en términos del mero PIB, buscando otro tipo de nación y otro modo de ser ciudadano.

Y M. Nussbaum se remite al paradigma de Desarrollo Humano que prima sobre todo

las oportunidades, o ‘capacidades’ que cada persona tiene, en áreas clave que van desde la vida, la salud y la integridad física hasta la libertad política, la participación política y la educación”

Pues todos tenemos una dignidad inalienable que los pensadores modernos se esforzaron por recordarnos: de Locke a Kant un gobierno solo es legítimo si permite a sus ciudadanos la posibilidad de darse una vida libre y feliz (vida, libertad y felicidad son los tres pilares de la constitución norteamericana). Y si todo estado debe aspirar a cimentar esos pilares, las habilidades que ha de promover deben ser:

  • INTELIGENCIA CRÍTICA, la capacidad de deliberar bien acerca de los problemas políticos que afectan a la nación, para examinar, reflexionar, discutir, y debatir, sin deferir de la tradición ni de la autoridad
  • SENTIMIENTO DE PERTENENCIA, la capacidad de pensar en el bien de la nación como un todo, no sólo del propio grupo local, y para ver la propia nación, a su vez, como parte de un orden mundial complicado en el que problemas de muchos tipos requieren de una deliberación transnacional inteligente para su resolución. Veamos, “En términos curriculares, estas ideas sugieren que todos los estudiantes … deben aprender los rudimentos de la historia del mundo y deben tener una comprensión rica y no estereotipada de las principales religiones del mundo, y luego deben aprender a indagar con mayor profundidad en al menos una tradición desconocida, adquiriendo de esta manera herramientas que luego pueden utilizar en otros lugares. Al mismo tiempo, deben aprender sobre las grandes tradiciones, mayoría y minoría, dentro de su propio país, centrándose en la comprensión de cómo las diferencias de religión, raza y género han sido asociadas con diferentes oportunidades de vida. Todos, en fin, deben aprender bien al menos una lengua extranjera, así: al ver que otro grupo de seres humanos inteligentes ha cortado el mundo de otra manera, que toda traducción es interpretación, le da al joven una lección esencial de humildad cultural.”
  • IMAGINACIÓN NARRATIVA EMPÁTICA, la capacidad de preocuparse por la vida de otros, de imaginar lo que las políticas de muchos tipos significan en cuanto a las oportunidades y experiencias de uno de sus conciudadanos, de muchos tipos, y para la gente fuera de su propia nación.

No hay más que mirar cómo está España y Europa para constatar la evidente ausencia de estas habilidades (refugiados, racismo, xenofobia, Brexit, independentismos varios y no siempre justificados, & cetera).

Y a modo de colofón, si las tendencias economicistas y técnicas continúan nos vemos abocados a

Naciones de personas con formación técnica que no saben cómo criticar la autoridad, útiles creadores de lucro con imaginaciones torpes. Las democracias tienen grandes potencias racionales e imaginativas. También son propensas a algunos defectos graves en el razonamiento, al parroquialismo, la prisa, la dejadez, el egoísmo, la deferencia a la autoridad y la presión de grupo. Una educación basada principalmente en la rentabilidad en el mercado global magnifica estas deficiencias, produciendo una torpeza codiciosa y una docilidad técnicamente capacitada que amenazan la vida misma de la democracia y que sin duda impiden la creación de una cultura mundial decente.” 

Manipulemos a los niños entonces para que desarrollen esas habilidades. Nussbaum dixit.

 

La filósofa norteamericana Marta Nussbaum recibió el 10 de diciembre de 2015 el doctorado honoris causa por parte de la Universidad de Antioquia, pronunciando un duro discurso del que hemos extraído lo esencial.

 

 

Hikikomoris, big data y el #26j

Estándar

1373593606797-hanLa esfera pública es el espacio propio de la acción comunicativa y de la política para Jürgen Habermas. Claro que todo depende de lo que se entienda por ambas expresiones: esfera pública y actuar comunicativo. Y es aquí donde Byung-Chul Hang, en la misma línea crítica de la Escuela de Frankfurt, entra en juego con su pequeño ensayo Digitale Rationalität und das Ende des kommunikativen Handelns de 2013.

Balanceando la idea habermasiana a la luz del Occidente primisecular, de la sociedad del cansancio a la psico-política, el autor alemán de origen coreano vuelve sobre la cuestión de lo digital, reinterpretando el fenómeno de los hikikomori y posicionándose en el lugar de los integrados según Umberto Eco.

Nos preguntamos, ¿es posible una política congruente con la “sociedad-red” que escape al diagnóstico negativo de Habermas y Eli Pariser (The Filter Bubble) sobre la pérdida del espacio público? El problema es que, según Habermas, solo el espacio público puede dar lugar a lo político.

10596103Diagnóstico: según la tesis de Pariser, Internet no es lo que imaginábamos en cuanto espacio público ideal para la interacción comunicativa sino que más bien ha devenido en un conglomerado de espacios privados narcisistas (sélficos), tendentes a la automanifestacion aislada, fragmentando (insularizando) tanto al individuo como la sociedad.

Esta fragmentación se apoyaría en la propia dinámica centrífuga de la red tendente a aislar a los individuos que, en cuanto usuarios de Internet, configuran el ideal de la “sociedad de las opiniones” y de los opinantes donde cualquiera puede expresar su punto de vista, impidiéndose así la formación de un “nosotros” necesario para que haya espacio público mediante la acción comunicativa.

Se produce así una despolitización y desideologización de la sociedad, un vaciamiento de los conceptos tradicionales de masa y poder que hace peligrar la democracia entendida en sentido tradicional. Pues en la red no es posible el discurso y los medios digitales no hacen sino empobrecerlo sistemáticamente. A lo más se llegan a configurar “multitudes“, inconexas internamente, incapaces de articularse como “asambleas”, las cuales precisarían de unas fuerzas “centrípetas” ausentes.

Aquí empieza lo nuevo, pues ya no hay posibilidad de conformar una “masa política” en el sentido clásico sino que se articula una “nube digital” atravesada por multitud de egos aislados, a pesar de lo cual sigue siendo posible delimitar patrones aunque inconscientes.

rousseau_jean_jacquesLa idea: asumida la anterior descripción como correcta, sería posible seguir pensando la política desprovista tanto de espacio público como de interacción comunicativa? Sí, y curiosamente como democracia directa que hunde sus raíces en las ideas de Rousseau. Una democracia de la fragmentación (¿líquida?), monádica, que no precisaría de partidos políticos.

Es de esta manera que Byun-Chul Hang explica la desafección contemporánea que la ciudadanía en general siente por la política y los políticos, cuyas decisiones le son ajenas y extrañas. Nadie puede identificarse hoy en día con un programa político al completo, ni es posible un partido que alcance a dar cuenta de la “sociedad de las opiniones”. Cada opinante, y lo somos todos, es ya un partido.

Y esta es una tesis que cuestiona de raíz las tesis últimas de un populismo a lo Laclau. El efecto centrífugo lo podemos constatar en lo extraño de lo acaecido el pasado #26j. A lo que apunta es a una democracia sin partidos, a una superación de la política “representativa”. A una transición desde el idealismo del discurso al materialismo digital del “big data” que aparece ya en el fenómeno “hikikomori” y que Rousseau expresó  en sus ideas y en su vida.

Pues la “voluntad general” apunta en el fondo a la idea de una democracia silente, sin comunicación y, por tanto, sin necesidad de espacio público donde interactuar comunicativamente, pues su espacio trasciende lo público en su articulación matemático-algorítmica:

Si, quand le peuple suffisamment informé dèlibère, les citoyens n’avaient aucune communication entre eux […]”

Contrat Social, Libro II, Capítulo III

4cce8f8a09b6147138235d890f50c5cc6c9f5b78fc589c291a6721451373bd75_1Se trata de mantener las diferencias de manera que cada uno se exprese según sus convicciones y al margen de cualquier discurso con los demás, lo que incluso habría que evitar, y que es justamente lo que obvia Carl Schmitt en su interpretación de Rousseau al asumir que es la voluntad general la que hace innecesaria la comunicación.

Este tipo de proceso sería la base de una “racionalidad no discursiva” acorde con el fenómeno de la fragmentación en la red, una “racionalidad digital” propia del “big data” que daría lugar a una hermenéutica digital con la que se inferirían modelos de comportamiento (data-mining)  y se ligarían los deseos con los procesos de toma de decisión. Biopsicopolítica digital que atraparía el inconsciente social llevando a término el ideal de la “sociedad transparente“.

shutterstock_115491706Tal democracia directa según las ideas de Rousseau lo sería en el espacio (fragmentación social) y en el tiempo: democracia en tiempo real, que Pierre Lévy (L’Intelligencecolléctive. Pour une anthropologie du cyberespace, La Découverte, Paris 1994considera superadora de la política representativa al basarse en un tiempo no del debate sino de la decisión y valoración continua.

La transformación: de la democracia sintético-discursiva (centrípeta, creadora de asambleas y de un “nosotros”) a la democracia sindético-acumulativa donde el objeto es el “big data” que contiene todas las formas de reacción y de expresión. Es una democracia de la presencia, no de la re-presentación sino de la co-presentación. Y en lugar de políticos, expertos administradores al margen de ideologías de izquierda-derecha, en lugar de discursos y debates, clicks de ratón.

¿El momento populista de España? (adesso basta)

Estándar

En España se habla de “populismo”, aunque es un fenómeno que desde hace unos años atraviesa toda Europa y que fácilmente podemos conectar con la crisis económica de 2008. Los estudios se repiten en revistas de investigación en ciencias políticas:

Como dice Cas Mudde (2004),

SINCE THE 1980S THE RISE OF SO-CALLED ‘POPULIST PARTIES’ HAS GIVEN rise to thousands of books, articles, columns and editorials. Most of them are of an alarming nature, as these ‘new populists’ are generally seen as a threat to liberal democracy.” (p.541)

De manera que es toda Europa Occidental la que está experimentando un Zeitgeist populista. El mismo Giovanni Sartori escribía en 2007 la editorial del Corriere della sera IL FENOMENO GRILLO E IL LESSICO DELLA DEMOCRAZIA. Il revival del populismo

beppe-grillo110Nel caso di Beppe Grillo, anti sta solo per dire «basta » con questi politici, con questi partiti e con questa politica. E, se così, il grillismo non ha sottintesi o implicazioni antidemocratiche. Io non temo ritorni al fascismo né al comunismo (storico) perché entrambi questi regimi hanno perduto, in Occidente, il loro principio di legittimità. Oggi nemmeno Chávez, il più avanzato demagogo dell’America Latina, osa dire che «lo Stato sono io». Oggi la legittimazione del potere (a meno che non sia teocratica) deve essere democratica, deve essere «in nome del popolo ». Però e invece temo «la democrazia che uccide la democrazia, la democrazia che si suicida»

De hecho es un revival cuya emergencia puede rastrearse en los propios debates públicos desde al menos dos décadas (con lo que la crisis no habría hecho sino acerar el fenómeno) como pone de manifiesto el artículo reseñado de M. Rooduijn (2013, minor revision del artículo de 2014) en el que analiza 15 periódicos de Francia, Alemania, Italia, Países Bajos y Gran Bretaña.

“Populismo” es, sin embargo, un concepto amplio y no unívoco, aunque no sabemos si equívoco o análogo dada su difusión sea geográfica sea cronológica. Entre los precedentes bolshe3históricos estarían tanto el People’s Party de EEUU como el narodnichestvo ruso, habiendo incluso quien defiende su origen en los movimientos de campesinos medievales (consultar por ejemplo la entrada “populismo” de Bruno Bongiovanni en Enciclopedia delle scienze sociali, 1996). 

Debemos referirnos sin embargo a Europa donde queda claro que el país que, en tiempos recientes, más lo ha sufrido (y estudiado) es Italia: «Populista sarà lei!», como se decía en referencia última al peronismo. Se suele resaltar así que el concepto, en su aplicación a los regímenes latinoamericanos, se asienta en la interpretación estructuralista típica de los años 60 y articulada por una multiplicidad de factores de los que se primaba el socio-económico, lo que dejaría fuera regímenes de otras áreas del planeta que, igualmente denominados populistas, no dejaban reducirse fácilmente a ese análisis. Los dos pilares de esta interpretación eran la modernización y la dependencia, junto a la tendencia a entenderlos conectados a determinantes socio-económicos.

9780297000563-uk-300Académicamente tiene su primer momento de análisis serio en el simposio de la London School of Economics de mayo de 1967 organizado por la revista «Government and Opposition» (editado por E. Gellner y G. Ionescu en 1969), interés causado seguramente por la emergencia de nuevos modelos de integración política que se asociaban con países del Tercer Mundo y de tipo normalmente autoritario, aunque se incluía igualmente el fenómeno de la individuación de tendencias propio de sistemas pluralistas y que tomaba como modelo a los EEUU.

En ese simposio la cuestión se centró e dilucidar si era un concepto unívoco, y en ese caso, si próximo al de ideología o, genéricamente, al de un movimiento creador de una mentalidad resultado de particulares situaciones sociales o psicológicas, o incluso como estilo político sin más.

Es en este contexto que aparece el concepto de “complejo de Cenicienta“, introducido por Isaiah Berlin y con el significado, propio de las ciencias sociales, de verse abocado a la frustración al identificar un tipo ideal de populismo sin ningún referente en la realidad. Del mismo I. Berlin tenemos una caracterización del populismo en 6 rasgos:

1- la idea de una sociedad cohesionada conceptualmente cercana a la de “comunidad orgánica” tal como Ferdinand Tönnies la describe en Gemeinschaft und Gesellschaft (1887)

2- la mayor credibilidad dada a la Sociedad que al Estado.

3- la preocupación por restaurar la armonía entre el “pueblo” y el orden natural

4- la tendencia nostálgica a recuperar valores de otras épocas

5- la convicción de hablar en nombre de la mayoría

6- la tendencia a aparecer en sociedades inmersas en procesos de modernización

1397522763642-mudde1Como ideología se resaltaba su reclamo anticlasista y su pretensión de resolver los conflictos sociales que habrían fracturado la originaria unidad de la sociedad. Paulatinamente se habría ido sacralizando la idea de “pueblo” en cuanto fundamento de todo valor social y político. Llegamos así a Cas Mudde, uno de los principales estudiosos, para quien el “populismo” es una ideología que analiza la sociedad como dividida en dos grupos homogéneos y antagonistas: el “pueblo”, puro, contra la “élite”, corrupta. De donde que la política debiera ser una expresión de la voluntad general del pueblo.

Contra este reduccionismo en cuanto ideología tenemos las interpretaciones alternativas que basculan entre mentalidad y estilo político, espacio hermenéutico que en conjunto ayudaría a escapar del complejo de cenicienta sociológico, y que nos permite definir “populismo” como una mentalidad ligada a una determinada visión del orden social y que considera al pueblo como portador de específicas virtudes de forma natural, de donde la consecuente reivindicación de su primado como fuente de legitimación para la acción política.

Lo que habría que discutir es, aceptando la anterior definición no reduccionista, el concepto de “pueblo” que se maneja. Tenemos dos clasificaciones:

a- Desde una óptica anglosajona, Margaret Canovan (1981) da cuatro posibles sentidos: united people (que apunta a la abolición de divisiones ideológicas), common people (en relación a los pobres, marginados,…), ordinary people (la gente sencilla, común,…), y ethnic people (el pueblo como determinada comunidad, “nuestro” pueblo como heredero de una específica tradición cultural, lingüística, religiosa o racial).

b- según Mény y Surel (2000) tenemos: el pueblo-soberano como fundamento de la legitimidad política, el pueblo-clase (plebe, gente qualunque, sentido más económico), y, por último, el pueblo-nación ligado a rasgos culturales y étnico-raciales (donde reaparece la división de los espacios ideológico, de mentalidad y de estilo político)

 

qualunquistaSintetizando, parece que el rasgo que unifica estas divisiones es el de pueblo como comunidad imaginaria y mitificada, como unidad idealizada de estratos que en la realidad se muestran fracturados. Lo que conlleva (y no es difícil comprobarlo en la realidad histórica) el apelo a un destino común que supera cualquiera de las particulares tendencias de los individuos que componen esa unidad, destino que vendría por otro lado a dar solidez y sentido a sus vidas.

Del demos antiguo al ethnos, el mensaje populista reclama así la reconciliación social de una masa herida por corruptos o enemigos del “pueblo”, de donde la aparente primera sensación de que es un movimiento antipolítico, pero aparente porque el populismo busca justamente ocupar ese espacio de la política manchado por los enemigos con gente no solo legitimada políticamente en un sentido mucho más profundo sino incluso caracterizada como honesta y más competente que la anterior clase corrupta.

Próximo a la democracia, el populismo tiende sin embargo a entenderse no desde el punto de vista representativo propio del liberalismo (democracia como poliarquía), sino, siguiendo a Durkheim, desde el punto de vista de la solidaridad mecánica en abierta posición antiliberal, y cuya consecuencia más oscura podría ser la de la emergencia de un líder carismático defensor de una cosmovisión maniquea que se opondría, desde luego, al pluralismo político. Pluralismo que se mostraría así como una patología social que necesita ser curada. Sin llegar a ese extremo, queda claro que el populismo incluye al menos un elemento de fuerte crítica al sistema de representación de las democracias liberales.

 

  • Ghița Ionescu; Ernest Gellner (1969), Populism; its meaning and national characteristics, London School of Economics and Political Science, New York : Macmillan (que recoge parcialmente las contribuciones)

  • Norberto Bobbio; Nicola Matteucci (1976), Dizionario di politica,  Torino : UTET

  • Margaret Canovan (1981), Populism, New York : Harcourt Brace Jovanovich

  • Paul A Taggart (2000), Populism, Philadelphia : Open University Press

  • Y. Mény – Y. Surel (2000), Par le peuple, pour le peuple. Le populisme et les démocraties, Paris:Fayard
  • C. Mudde (2004), The Populist Zeitgeist, in «Government and Opposition», XXXIX, 4
  • Marco Tarchi, Il populismo e la scienza politica: come liberarsi del “complesso di Cenerentola”, in “Filosofia politica” 3/2004, pp. 411-432, doi: 10.1416/16274
  • Loris Zanatta, Il populismo come concetto e come categoria storiografica, in A. Giovagnoli – G. Del Zanna (a cura di), Il mondo visto dall’Italia, Guerini e Associati, Milano, 2004, pp. 195-207
  • Giovanni Sartori (2007), IL FENOMENO GRILLO E IL LESSICO DELLA DEMOCRAZIA. Il revival del populismo, editorial del Corriere della sera, 2 ottobre 2007(modificato il: 11 ottobre 2007) (consultado 26/04/2016)