Love grows brains: la educación entre la empatía y el narcisismo

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Hubo signos, señales,
pero qué hacer si no eran comprensibles.
¿No habrá revoloteado
una hoja de un hombro a otro
hace tres años
o incluso el último martes?

Hubo algo perdido y encontrado.
Quién sabe si alguna pelota
en los matorrales de la infancia

Wislawa Szymborska

La sociedad y con ella el sistema educativo está experimentando alarmantes signos de falta de empatía que no pueden solucionarse ni con las nuevas tecnologías ni con procesos disruptivos de cualquier tipo. Precisamente el éxito de individuos y sociedades depende de educar niños que se preocupen por los demás, aunque la mentalidad dominante gira sin embargo en torno a la idea de que el éxito parte de superar a los demás y obtener las puntuaciones más altas en lo que sea, incluido el dinero que uno gana.

Somos en todo caso “animales grupales” y como tales, en la medida en que la inteligencia puede beneficiarse del colectivo (cf.¿Bailamos? De las neuronas al metacórtex digitalInteligencia colectiva y cibercomunidades de colaboración abierta), debemos fomentar las actitudes que socializan frente a las que discriminan. No es una cuestión de “buenismo” ético ni de sensiblería sino de antropología y psicología. Todos conocemos los experimentos de Zimbardo (y Milgram) en Stanford sobre la obediencia y el mal (sobre la tesis de Arendt de la banalidad del mal), pero olvidamos que por eso mismo es perentorio y posible generar actitudes contrarias y positivas. Frente al efecto Lucifer debemos apostar por la heroicidad y la resistencia al mal. Clave de ello es la “empatía”, de la que se ha dicho que será el eje del siglo XXI frente al XX que lo fue de la instrospección. La cuestión es si la empatía es algo controlable, definible y en todo caso transmitible o enseñable, de alguna manera. “Empathy can’t be taught, but it can be caught” es el slogan de Maia Szalavitz y Bruce D Perry en su libro Born for Love: Why Empathy is Essential and Endangered (Morrow, 2010), donde de modo general la define como “ability to read other people’s intentions and to care about their plight”. Precisamente los psicópatas no la tienen ni la necesitan sobre la base de que, aun siendo capaces de leer las intenciones de los demás (tienen una “Teoría de la mente”, TOM), no se preocupan de ellas. No puede enseñarse entonces (académicamente) pero sí mostrarse como capacidad corporal. Su idea básica es que, si el cerebro es producto de una evolución grupal, y la inteligencia así lo muestra, las capacidades para leer la mente de los demás y conectar socialmente nos son imprescindibles como especie: “love grows brains”. Se trata en todo caso de identificar emociones: dónde están?

  • entre nosotros, posición radical
  • en el rostro de los demás, fenomenología
  • en el interior de los demás, TOM: Theory Of Mind, desciframos la conducta exterior para inferir lógicamente lo que está detrás.

Si la empatía está decayendo en la actualidad podríamos entonces calificar nuestra época de “autística” en la medida en que muestra los síntomas de esta patología: dificultades con las relaciones sociales, con el lenguaje, conductas repetitivas y obsesivas más una supersensibilidad. Las escuelas no pueden quedarse al margen de esto y afinarse en torno a la segregación, control del tiempo, bullying, multiculturalidad, diversidad, etc…Se trata finalmente de transitar desde la introspección narcisista a la outrospección empática:

En el estudio de Sara Konrath “Changes in Dispositional Empathy in American College Students Over Time: A Meta-Analysis”  (Personality and Social Psychology Review 15(2) 180–198 © 2011 by the Society for Personality and Social Psychology, Inc), se muestra que efectivamente los estudiantes estadounidenses eran en 2009 un 48% menos empáticos que los de 30 años atrás. Se entrevistó a 13737 estudiantes entre 1979 y 2009, con un 63.1% de mujeres, 69% caucásicos y de edad media 20.27 años.

Y se midieron 4 aspectos de la sensibilidad interpersonal: 

  • interés empático o simpatía sobre las desgracias de los demás
  • toma de perspectiva, como capacidad intelectual para imaginarse en la posición de los demás
  • fantasía, o tendencia a identificarse imaginativamente con los personajes de ficción
  • malestar personal referido a la angustia por las desgracias de los demás

Aquí hay un test para medirlo. No queda claro sin embargo qué sea la empatía:

  • mecanismo cognitivo por el que somos capaces de imaginar los estados internos de los demás
  • o constructo afectivo, dentro del que:
    • o se piensa que las emociones se correlacionan directamente con los estados afectivos de los demás
    • o es simplemente una manifestación de simpatía
    • o está relacionado con el impulso de reducir el propio stress sobre la situación de los demás
  • con las neurociencias y el interés en las neuronas espejo las cosas se han complicado todavía más.

Se puede establecer de modo general, por simplificar, que la disposición empática es una tendencia a reaccionar a las experiencias que observamos en los demás. Para calibrar su estudio, la doctora Konrath  empleó el llamado Interpersonal Reactivity Index (IRI), con el resultado general de que las personas que obtenían puntuaciones bajas resultaban ser especialmente antisociales, todo ello correlacionado con un aumento sostenido en el tiempo del narcisismo (Cf. Jean M. Twenge and W. Keith Campbell, The Narcissism Epidemic: Living in the Age of Entitlement, Free Press, 2009). Se observa más individualismo, acrecentamiento de la auto-consideración, más interés en el propio éxito y bienestar que en los demás, y mayores tendencias materialistas que están correlacionadas con una menor tendencia prosocial y más débiles vínculos sociales. Por último, cada vez más personas viven solas, lo cual conecta directamente con menores tendencias prosociales. El mayor interés en uno mismo puede entenderse así negativamente tal y como se está desarrollando en occidente, de lo cual es un claro ejemplo el auge de las redes sociales como catapulta de la propia información, vida, opiniones, imágenes, que aunque a priori pueda parecer positivo, al final parece plasmarse en un narcisismo patológico, como así se muestra en el caso de la “Doppelganger Week” que Facebook organizó en Febrero de 2010 animando a los usuarios a cambiar la imagen de su profile por el de la celebridad con la que se identificaban.  En otro estudio de Schieman y Van Gundy de 2000 (The personal and social links between age and self-reported empathy. Social Psychology Quarterly, 63, 152-174) se muestra igualmente que los nacidos a finales de 1950 son más empáticos que los nacidos en los 80.

Como conclusiones se encontró que a menor empatía:

  • mayor narcisismo: en una encuesta de 2006 el 81% de los entrevistados, de entre 18 y 25 años, expresaron que ser rico era uno de los objetivos más importantes de su generación, y el 61% lo consideraron el más importante. De ahí el nombre con el que empieza a llamarse a esta generación:  “Generation Me”, “Look At Me”. Los jóvenes adultos de hoy son una de las generaciones más competitivas e individualistas de nuestra historia reciente, al menos en EEUU.
  • aumento de la violencia y el bullying, con un dato claro: dado que las mujeres suelen mostrar mayor empatía, el aumento del bullying entre las chicas (más que en los chicos) es un signo evidente del declive de la empatía.
  • más tiempo dedicado a la interacción online que a la física, por lo que el desarrollo de las nuevas tecnologías puede estar contribuyendo al decrecimiento de la empatía. Y además, la facilidad para conectar on-line no necesariamente conlleva iguales habilidades en la vida real. Por último está la cuestión de la violencia en los media: a mayor exposición menor sensibilidad, lo que se agrava con una tendencia en los medios a mostrar cada vez más contenidos violentos. Cf. Bushman, B. J., & Anderson, C. A. (2009). Comfortably numb: Desensitizing effects of violent media on helping others. Psychological Science, 20, 273-277, y Media Awareness Network. (2010). Violence in media entertainment.
  • mayor probabilidad de que los padres sean narcisistas (preocupados por ellos mismos más que por los hijos), como así lo sugieren los estudios en relación a los cambios en los modelos de paternidad: menor control de los hijos, educación, más permisividad ante la agresividad de los hijos, etc…
  • por último se da una clara correlación entre la menor empatía y el aumento de las exigencias académicas y laborales en relación a ir a las mejores universidades, colegios, conseguir los mejores trabajos, etc…Somos menos empáticos cuando competimos y de ahí la excusa de estar demasiado ocupado con el propio éxito, que además se siente como una exigencia de la propia sociedad y de los padres, como así expresa William Deresiewicz en Excellent Sheep: The Miseducation of the American Elite and the Way to a Meaningful Life (Free Press 2014).

Algunos podrían pensar que es exagerada la impresión de que las nuevas generaciones son menos empáticas cuando “parece” que, según otros estudios que cita la propia Konrath, existe igualmente una mayor tendencia a mostrarse socialmente abierto y preocupado por los demás, como así lo demuestra el auge de las ONG’s, movimientos sociales y una cierta mayor preocupación por los problemas del planeta: ecología, guerras, hambre, etc… Sin dejar de ser cierto lo que también se constata es el desarrollo de una actitud que en el fondo es paralela a la narcisista pero con apariencia de empática: es lo que se llama maquiavelismo, patología detectada por el test Mach-IV (1970) de los psicólogos Richard Christie y Florence Geis. Maquiavélicos son los que actúan con el fin de manipular a los demás para conseguir sus objetivos: decirles a los demás lo que quieren oír, halagando a gente importante e intentado obviamente no ser pillado. Sus características los hacen parecer falsamente empáticos:

  • Funcionan mejor en trabajos y situaciones sociales donde las reglas y los límites son ambiguos.
  • El desapego emocional y una actitud cínica les permiten controlar sus impulsos y ser cuidadosos, oportunistas pacientes.
  • Prefieren usar tácticas sutiles cuando sea posible (el encanto, la amabilidad, la auto-revelación, y la culpa) para ocultar sus verdaderas intenciones y proporcionar una base para la negación plausible si se detectan. Sin embargo, pueden usar presiones y amenazas cuando sea necesario.
  • Tienden a ser el preferido por los demás en situaciones competitivas (por ejemplo, de debate, negociación), pero no se prefieren como amigos, colegas o cónyuges.

Parece entonces que necesitamos más que nunca enseñar y transmitir empatía. Partiendo de las ideas del profesor Roman Krznaric de la London’s The School of Life se proponen 6 hábitos de la gente altamente empática (Empathy: Why It Matters, And How To Get It, Perigee Books, 2014):

1- Cultivar la curiosidad sobre los extraños, como cuando por ejemplo tenemos facilidad para hablar con desconocidos en los lugares públicos: no se trata de interrogar sino de mostrar inquietud por conocerse. Hablar del tiempo está bien, pero podemos ir un poco más allá y tratar de conversar menos superficialmente sin perder la educación.

2- Desafiar los prejuicios y descubrir las cosas en común

3- Probar la vida de otra persona, adquiriendo experiencia directa de cómo vive según la idea de los nativos americanos: “camina un kilómetro con los zapatos de otro antes de criticarlo”.

4- Escuchar de forma atenta y abierta. Lo esencial es nuestra capacidad de captar lo que está realmente sucediendo en un encuentro con otro, mostrándonos al mismo tiempo vulnerables y auténticos, sin máscaras. Se trata no solo de captar el estado del otro sino de que éste sienta el nuestro. Sunny Sea Gold en How to Be a Better Listener (Scientific American Mind Volume 26, Issue 5, Aug 13, 2015) nos da 4 consejos:

      • comprueba tus asunciones y prejuicios: si crees saber de antemano lo que vas a escuchar, tu cerebro se predispone precisamente a escuchar eso aunque la otra persona diga algo diferente.
      • sé curioso: pregunta con interés real y en profundidad: puedes decir algo más sobre lo que sientes, piensas, etc…, de manera que me ayudes a entenderlo?
      • suspende el juicio y no cierres el diálogo de antemano. Hay personas que deciden cortar una conversación de raíz sin querer escuchar nada más del otro. Frente a ello se trata de dejar a la otra persona que hable, sin interrumpirla, sin cortarla (lo que de entrada permite más empatía y la posibilidad de encontrar puntos en común)
      • sabe cuándo escuchar o no: la verdadera escucha exige humildad y curiosidad, y si por alguna razón no puedes ofrecer completa atención a la otra persona pospón el encuentro.

5- Inspirar acciones colectivas y cambio social. Las redes sociales están siendo fundamentales en ello, pero falta humanizarlas, se trata de no diseminar solo información sino igualmente conexión empática.

6- Tener una imaginación ambiciosa, que no solo se oriente a empatizar con la gente que sufre sino también con los que piensan diferente o son nuestros enemigos, lo que desde luego conduce a una mayor tolerancia.

Dr. Marilyn Price-Mitchell de Edutopía ha desarrollado estas ideas en el ámbito de la educación, dentro de un modelo de desarrollo de la juventud en la escuela llamado The Compass Advantage y basado en 8 principios de los que la empatía es el más importante. Pero, se puede enseñar la empatía? Si entendemos la educación como un agente de cambio social hacia una mayor ciudadanía y liderazgo se convierte en todo caso en un imperativo. Y es uno de los ejes de investigación de Price-Mitchell, de cuyos estudios infiere que los mejores profesores son aquellos que no solo muestran empatía sino que al mismo tiempo la fomentan en los alumnos y en los demás. Inspirándose en las ideas de Krznaric propone 6 hábitos de los grandes profesores que fomentan la empatía:

1. Establecen relaciones significativas con los estudiantes que van más allá de lo académico: en resumen, si un profesor se preocupa por los estados emocionales de los alumnos, así harán ellos con los demás.

2. Alimentan la autoestima por medio del mentoring. Se trata de creer en uno mismo y hacer que los demás hagan lo mismo. Y cómo fomentar la autoestima? Por medio del apoyo y empoderamiento, de la escucha, de las altas expectativas, mostrando interés en lo que hacen por sí mismos, fomentando su capacidad decisoria, y mostrando perspectivas alternativas ante la resolución de un problema.

3. Enseñan valores asociados con la buena ciudadanía: cuidado, cooperación, compasión, servicio, trabajo en equipo, amabillidad. Habrían tres etapas a lo largo del sistema educativo: en primer lugar ser ciudadanos responsables, segundo, colaborar en la mejora de su comunidad, y tercero, contribuir a la resolución de los problemas sociales.

4. Inspiran a los estudiantes a devenir lo mejor de sí mismos: con pasión, valores, compromiso, amor a uno mismo y resiliencia

5. Confrontan a los estudiantes con diferentes opiniones y puntos de vista, enseñándoles a ponerse en los pies del otro.

6. Conectan el curriculum con actividades y problemas del mundo real.

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